Pocas veces un político se erige como líder con un gran discurso político.
Así se dejó sentir Pedro Joaquín Coldwell, nuevo presidente nacional del Partido Revolucionario Institucional.
Sonando como todo un estadista, ecuánime, real, motivador y propositivo, dejó muy en claro el compromiso del PRI frente al reto de darle rumbo y certeza a nuestra nación. Y dejó claro, a todos los priistas, que con Enrique Peña Nieto se ganarán las elecciones del 2012, para bien de los mexicanos.
Pedro Joaquín fue presentado por un brillante Jorge de la Vega Domínguez, expresidente del CEN del PRI, a quien le tocó la encomienda de anunciar la candidatura presidencial de Carlos Salinas de Gortari.
En su mensaje como presidente sustituto electo, Coldwell aseguró que los gobiernos del PRI –en los 70 años que tuvieron la Presidencia de México– “salvaron a México del fascismo y el comunismo”.
Agradecido, el nuevo dirigente priista dijo asumir la presidencia del Comité Ejecutivo Nacional del partido político más relevante en la historia de México.
Tras agradecer todos los apoyos sectoriales, saludó a los señores gobernadores, a los presidentes municipales, al Ejército de priistas que hoy se vuelve a levantar pleno de entusiasmo y convicción, para emprender la campaña política durante el actual proceso electoral.
También agradeció la presencia de los expresidentes y la compañía de sus colegas de la Cámara de Senadores y de los diputados federales, todos ellos priistas.
Inmediatamente después expuso su propuesta: “asumamos un frente común, de cara a las próximas elecciones: trabajar incansablemente, trabajar sin desvíos, trabajar sin claudicaciones, sacrificando incluso aspiraciones personales, para que el 1 de diciembre del 2012 Enrique Peña Nieto, jure la constitución como Presidente de la República”.
El México del siglo XX, dijo, tiene la impronta de los gobiernos del PRI y de sus ancestros: el partido nacional revolucionario y el partido de la Revolución Mexicana.
Destacó el haber resuelto la sucesión presidencial en forma pacífica, instaurar y mantener gobiernos civiles, cuando al Sur del continente florecía el militarismo, crear la educación pública gratuita y fomentar las culturas populares.
También expuso que el PRI contribuyó para consolidar nuestra nacionalidad, la red de comunicaciones terrestres y electrónicas, los puertos y los aeropuertos, el sistema de salud, los derechos sociales de obreros y campesinos, así como la formación de instituciones públicas que alentaron la cohesión social, y posibilitaron que la transmisión del poder transcurriera en paz y dentro de la ley.
“Aquel sistema político, cuyo eje principal fue el PRI, era un complejo entramado social de pesos y contrapesos, nacido de un pacto revolucionario expresado en la primera constitución social del siglo, que dio lugar a un estado fuerte que propició la industrialización del país y forjó las clases medias”, enfatizó Coldwell.
“Nuestros adversarios políticos han pretendido crear un estereotipo, repitiendo, una y otra vez, que se trataba de un sistema autoritario que canceló libertades públicas.
“No pueden aceptar que, en realidad, el sistema de gobierno priista salvó al país de los mayores autoritarismos del Siglo XX, el fascismo y el comunismo, que flagelaron muchas regiones del planeta”, agregó.
Luego se refirió a la alternancia que “representó retos colosales para el partido, pero pudimos llenar los vacíos que dejaba la ausencia del presidente de origen priista”.
El partido se federalizó sin perder su condición de partido nacional y compitió desde la oposición, advirtió Coldwell.
De esa forma “los triunfos en las elecciones locales revitalizaron al partido y a pesar de haber perdido en dos ocasiones consecutivas la Presidencia de la República, el PRI se mantuvo, todos estos años, como la principal fuerza política nacional, y, sobre todo, como una oposición responsable”.
Y en el 2006, recordó, el Congreso de la Unión, y el sentido de institucionalidad de nuestros gobernadores, salvaron al país de caer en una gravísima crisis político constitucional.
Hoy el PRI se ofrece como la mejor opción ante los problemas de estos tiempos, y la imperiosa necesidad de remontar los obstáculos que amenazan la viabilidad del Estado mexicano, afirmó. “Los priistas miramos hacia el futuro. Hay que tenerlo claro, nos dirigimos a la renovación, no a la restauración”, enfatizó Coldwell.
Para el nuevo dirigente nacional priista este es el panorama: “En México hay una creciente insatisfacción ciudadana con el desempeño de un gobierno, que ha sido incapaz de frenar la violencia y la inseguridad pública. Un gobierno en que la economía ha crecido muy poco y la generación de los empleos se encuentra estancada, un gobierno bajo el que los poderes fácticos prevalecen sobre los establecidos constitucionalmente, y las instituciones están presas de la corrupción.
“La descomposición se agrava por la desigualdad social, la escisión de las cadenas productivas, los ineficientes monopolios públicos, y las grandes corporaciones financieras que dominan el sistema ante un Ejecutivo que no acierta a erigirse en árbitro y conductor de las energías sociales.
“Una parte considerable de la población se desperdiga movida por la urgencia de resolver sus problemas del día a día, y vive ajena al quehacer de las instituciones públicas que le han dado la espalda”.
Luego fue más explícito, al señalar que “la diferencia de lo que ocurre en el África Sahariana, y en algunas naciones europeas también agobiadas por la crisis financiera y el desempleo, en nuestro país lo que ha echado a la gente a las calles, exigiendo políticas públicas eficaces, es la prevalencia del crimen impune y de la inseguridad pública que se extienden por todo el territorio nacional ante la impotencia gubernamental”.
Luego denunció que, como en el 2006, “el fantasma de la polarización auspiciada desde el Gobierno federal durante la contienda electoral, amenaza con volver a dañar al país”.
Más claro todavía: “Ante la debilidad de sus precandidatos, el gobierno panista recurre a toda suerte de artimañas para agredir a las fuerzas políticas que como la nuestra le disputan el poder”.
Por ello: “Los priistas demandamos del presidente que ajuste su conducta al mandato de la ley y actúe con imparcialidad. Que evite dañar el proceso electoral con su intromisión”.
Con Pedro Joaquín Coldwell, el PRI estará dispuesto a pactar con las otras fuerzas políticas, con la autoridad electoral y las de procuración de justicia, las medidas que sean necesarias para blindar el proceso electoral de la infiltración del narcotráfico.
En la parte motivadora de su discurso, Coldwell señaló: “Es el tiempo del PRI, tenemos la experiencia para gobernar, y la voluntad para rescatar a la sociedad de la gravísima crisis por la que está atravesando”.
Destacó que las encuestas apuntan que una mayoría de los mexicanos contempla al PRI como opción de voto real, ya que encarna la esperanza de millones de compatriotas que aspiran a vivir en un país mejor.
Por ello, el PRI tiene la oportunidad de ganar la Presidencia de la República y la mayoría del Congreso de la Unión.
Tras destacar la trayectoria y popularidad de Peña Nieto, pidió pensar en grande, porque “es la hora de volver a diseñar soluciones de fondo para las grandes dificultades que el país enfrenta”.
Se refirió entonces a los derechos humanos, la equidad de género, de derechos, responsabilidades y oportunidades, así como al diálogo intergeneracional y con las minorías.
Continuó con la referencia a la ampliación de la oferta educativa y la vinculación de ésta con el sistema productivo y el servicio a la sociedad y la utilización de las nuevas tecnologías de la comunicación.
Citó luego a Federico Reyes Heroles y las renovadas esperanzas del PRI.
Como las palabras de Reyes Heroles, expuso: “Estamos obligados a emprender numerosas acciones pero con realismo, sin el enervante pesimismo ni el ingenuo optimismo. Con decisión, audacia y cautela, con un optimismo saludable por realista, iniciamos una nueva etapa en la vida de nuestro partido”.
Finamente, cerró su discurso con un reto y una promesa: “con Enrique Peña Nieto vamos a ganar las elecciones, y vamos a erigir una nueva sociedad a la medida de nuestros sueños y de nuestra esperanza”.
Ese fue el mensaje del nuevo líder nacional del PRI, Pedro Joaquín Coldwell, un político que, como pocas veces, se erige como líder con un gran discurso político. ¡Hasta siempre!
Por: Francisco Rodríguez Pérez

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