miércoles, 28 de septiembre de 2011

LA CRISIS QUE VIENE



Entre la desaceleración de la economía norteamericana su endeudamiento público prácticamente impagable a estas alturas, Europa dividida por el inminente rescate financiero de Grecia y la cascada de solicitudes de apoyos en este mismo sentido de países como España, Portugal e Italia, la enorme competencia del continente  Asiático,  el panorama de países en vías de desarrollo como el nuestro no es nada alentador.

Con un Gobierno Federal ineficaz que no ha podido rebasar el 3 por ciento de crecimiento anual, incluso, solo  ha logrado este porcentaje una vez en los últimos 10 años y esto, producto de factores externos, no de condiciones o de decisiones tomadas por el gobierno en medidas que nos hayan permitido llegar a ese porcentaje, los mexicanos vivimos desacelerados, desalentados y en constante crisis.

A pesar de que las condiciones económicas en el país han venido en franco declive, el Gobierno poco ha hecho por generar condiciones favorables para que los mexicanos que sí quieren salir adelante y que sí quieren trabajar, encuentren un modelo de financiamiento accesible y asequible para ellos y condiciones de libre mercado con oportunidades iguales para todos, sin proteger intereses de empresas o familias en particular.

Si bien existen diversos fondos y fideicomisos a través de la Secretaria de Economía Federal, como FADES, FONAES, Capital Semilla, Mi Tortilla, etc; más los que ofrecen las entidades federativas o las administraciones municipales, resultan en muchos casos, caros o inelegibles por el tiempo de espera, las garantías que exigen o bien los intereses que cobran.

Nuestro país lamentablemente, enfrenta grandes retos, el de una educación deficiente, una banca extranjera que opera a grandes costos para los mexicanos gracias a la protección de las autoridades, y un gobierno que vive una realidad distinta a la de su pueblo.

Es lamentable que un sujeto como Ernesto Cordero que unos meses atrás declarara que con 6 mil pesos una familia en México tiene para pagar la mensualidad de una casa, la mensualidad del carro, tener a los hijos en escuelas privadas y encima de eso pagar servicios y comprar alimentos. Es absurdo que su partido le permita a este sujeto aspirar a ser el candidato y es ofensivo para más de 70 millones de mexicanos en situacion económica vulnerable, que un tipo con esa visión pretenda gobernarnos.

Es absurdo que aspirantes como Marcelo Ebrard, no tengan más discurso que el del apoyo a los matrimonios entre homosexuales y sus derechos, derechos que ya tienen intrínsecamente por el solo hecho de ser individuos a los cuales la constitución protege en su calidad de ciudadanos. Cuando en este país hay que resolver temas más urgentes como el empleo y los salarios bien remunerados, sacar de la miseria a 50 millones de mexicanos, que homosexuales o no, también comen todos los días.

Eso si es importante, lo demás son “jotadas”, oportunismos de quienes quieren quedar bien con un pequeño grupo social, en lugar de responsabilizarse por las cosas primordiales.

Es aquí donde el PRI se yergue  con fuerza ante su unidad y la propuesta solida en la que coinciden la mayoría de sus dirigentes, más que buscar la presidencia de México (que es un hecho que ya la tienen) es buscar un modelo de país, darle un rumbo y tener un proyecto, no de gobierno, sino, un proyecto de nación.

La crisis económica en México es algo serio y merece la atención de todos los sectores y de todos los actores, gobierno, sociedad, industria y comercio, pero la crisis moral y social es más preocupante aun, perdemos aceleradamente las buenas costumbre y la cultura cívica, y con ello estamos promoviendo un cáncer incurable en el tejido social, que no nos lleva a ningún lado.

Edgar CHÁVEZ TARRÍO.

Los regañados




Mientras los panistas se acostumbran a los regaños presidenciales de fin de sexenio, y los perredistas siguen peleando entre sí, tribu contra tribu, en el Partido Revolucionario Institucional se prepara la Plataforma Electoral, con acciones tan significativas como el nombramiento del nuevo presidente estatal de la Fundación Colosio, Marcelo González Tachiquín, quien dio un magnífico discurso al igual que el Gobernador, César Duarte Jáquez.

Pero volvamos a los regañados. Para Acción Nacional ya es costumbre: fueron regañados por el Presidente de la República, don Felipe Calderón, como fueron regañados, hace siete años, por don Vicente Fox.

El domingo 30 de mayo de 2004, Felipe Calderón asistió, como otros miembros del gabinete, a la comida que el Presidente Vicente Fox le ofreció al Presidente de Colombia, Álvaro Uribe.
En el evento, Calderón escuchaba de buena gana las bromas sobre su “destape” a la Presidencia hecho la víspera por el entonces gobernador de Jalisco, Francisco Javier Ramírez Acuña, cuando, al mismo tiempo, el Presidente Vicente Fox cuestionaba el acto político de aquel sábado.

Cuando supo de las críticas, Calderón renunció a la Secretaría de Energía. En su breve carta de renuncia, dolido y traicionado, señalaba que se enteró por los medios de comunicación la “descalificación” presidencial, que consideraba “injusta y desmedida”.
 Junto con la renuncia, Calderón envió una copia de su discurso, pues pensaba que el presidente lo estaba cuestionando sin conocer realmente sus palabras.
El gobernador de Jalisco, por su parte, expresó: “A mí sólo me regaña el pueblo”.

Para los simpatizantes de Calderón el regaño presidencial fue injusto, ya que lo hacía un político que ganó la Presidencia tras adelantarse a los tiempos políticos. Además, sentían que Fox era más tolerante a las aspiraciones presidenciales de Jorge Castañeda, de Santiago Creel y de su propia esposa “la señora Marta”.

El regaño a Calderón tuvo que ver con el deseo del Presidente Fox de proteger la candidatura de Creel o la de Marta, agraviando a otros panistas.

Igual que hace siete años, Calderón, ahora con la investidura presidencial, regañó a los panistas, al tiempo que busca quitar las espinas del camino para su alfil Ernesto Cordero.

Durante la sesión extraordinaria del Consejo Nacional, el Presidente urgió a su partido a una “renovación ética”, tras recriminar “las estrecheces de mira” que minan la unidad interna. En 2012, según dijo a sus correligionarios “enfrentaremos a adversarios unidos y organizados”.

A diez meses de las elecciones del 2012, a punto de empezar oficialmente la agenda electoral, Calderón urgió a los militantes para llevar a cabo una renovación, ante la percepción de la ciudadanía de que hay deshonestidad y carencia de ética, a lo que se une la desgastada identidad del PAN.

Calderón, con el regaño, hizo un llamado a su partido para llevar a cabo una renovación ética, de comportamiento y de imagen hacia la sociedad, en camino a los comicios presidenciales, pues podría aplicarse para el PAN la sentencia de “renovarse o morir”.

De igual forma, aseguró que no interferirá en el proceso de elección del candidato presidencial panista y llamó a cerrar filas a pesar de las discrepancias internas: “Que gane quien la militancia decida y que los electores reconozcan esa decisión democrática”.

Finalmente, Calderón sugirió seis puntos a seguir: 1) Renovación ética; 2) Reencuentro con la ciudadanía; 3) Elección oportuna de candidatos a puestos de elección popular (diputados, gobernadores, senadores, etc); 4) Poner en claro lo que está en juego para el 2012; 5) Hacer competitivo al PAN; y 6) Seleccionar un candidato atractivo para los ciudadanos, sobre todo que no genere divisiones, ni exacerbe los resentimientos.

En este sentido, confió que la sociedad valorará, más pronto que tarde, el hecho que el PAN, esté resultando, a final de cuentas, el único partido que elegirá a su candidata o candidato a la Presidencia de la República, por una vía democrática del voto.

Hace siete años, Calderón renunció por haber sido amonestado públicamente por Fox por hacer actos proselitistas en busca de la presidencia de México.

Calderón rechazó con energía el regaño y se fue del gabinete para prepararse y ganarle a Fox la elección interna panista para la candidatura presidencial.

¡Tendrán las agallas Santiago Creel, Josefina Vázquez Mota, o Gustavo Madero, el más agraviado, para arrebatarle la candidatura al Presidente y su delfín, Ernesto Cordero?

A estas alturas, hace seis años, Calderón ya era virtual candidato presidencial panista.
Habrá que preguntarnos si los panistas, nuevamente regañados ¿se renovarán o se morirán?, es decir se convertirán en víctimas, en daño, en dolor “colateral”, de quien los regaña...

En cambio, en el PRI hay certezas, presentes y futuras. Lo que hay de cierto y de esperanza es que al PRI ya no lo alcanzan... Y el 2012, con el retorno a la Presidencia de la República, ya llegó. ¡Hasta siempre!

Por: Francisco Rodríguez Pérez

lunes, 26 de septiembre de 2011

Justicia, sociedad y gobierno


El sentido clásico griego de la justicia y más propiamente las nociones de la justicia social tratan de ser, deliberadamente, aniquilados por los teóricos y los ejecutores del neoliberalismo. Uno de los dos ideales del priismo histórico –el otro es la democracia– ha sido trastocado por esa tendencia favorable al mercado y negadora de la importancia del Estado.Hablar de justicia, de sociedad y gobierno remite, por lo menos, a los clásicos griegos: Platón, Aristóteles y Ulpiano, de Roma, cuyas tesis niegan las modas actuales, favorables al individualismo más descarnado y la idolatría por el mercado, mediante la negación de la rectoría del Estado, así como la búsqueda del bienestar y la felicidad que éste supone.Platón, el gran filósofo ateniense (427-347. a N.E.), buscó un concepto de justicia, que es anhelo de la humanidad. Una persona justa, una sociedad justa, un Estado justo son términos utilizados con frecuencia; pero determinar en qué consiste la idea de justicia no es tan fácil. Platón adoptó la que consideró más apropiada para definirla: “Dar a cada uno lo que le corresponde”.Aristóteles, discípulo de Platón, consideró positiva la idea de justicia que tenía su maestro, pero añadió que, como toda virtud, se hallaba en el punto medio entre dos vicios: un exceso (tener más de lo que se debe tener), y un defecto (tener menos de lo que se debe tener). Para Aristóteles tan injusta es la opulencia como lo es la miseria.Entonces distinguió dos tipos de justicia: la distributiva, que significa que cada uno tenga lo que merece y necesita; y la correctiva, que se impone cuando alguien no tuvo lo merecido, y que se aplica para restablecerse coercitivamente.Finalmente hay que recordar al jurista romano Ulpiano, quien enumeró tres preceptos fundamentales para la justicia: “vivir honestamente”, “no dañar a otro” y, retomando la definición platónica, “la voluntad constante y perpetua de dar a cada uno lo que se merece”.

LA JUSTICIA SOCIALA partir del concepto platónico de justicia, como aquello que debe asignársele a cada uno según lo que le corresponda, individualmente considerado, la justicia social alude a lo mismo, pero toma al individuo como conjunto del cuerpo social y busca atenuar las situaciones desfavorables en que las circunstancias lo han colocado.Desde el concepto de justicia individual, si una persona trabaja es justo que se le pague un salario, si un alumno estudia y sabe la materia, es justo que se le apruebe; pero en cuanto justicia social, una persona económicamente rica y otra económicamente pobre tienen derecho a ir a la escuela, pero la persona pobre, por su situación económica, carece de posibilidades de adquirir su material de estudio, de dinero para el transporte, o no posee calzado, es justo que el Estado le provea de esas condiciones básicas.Gracias al Estado, tanto quien sí tiene las condiciones socioeconómicas necesarias, como quien carece de ellas pueden complementar sus estudios. Esto significa dar a cada uno lo que le corresponde, como definición de justicia individual, pero se convierte en dar a cada uno en función de sus requerimientos y necesidades, como definición de justicia social.El liberalismo, que inspiró a la Revolución Francesa del siglo XVIII, no obstante, dejó al libre juego de la oferta y la demanda todos los aspectos de la vida social.No sólo los precios de los productos de consumo subían o bajaban de acuerdo a ese principio, sino incluso los salarios de los trabajadores, que ya eran una mercancía más, sin ningún derecho. Y los neoliberales, que han inoculado a la mayoría de los líderes de nuestro tiempo, han llevado a la exageración aquellos principios liberales.


LA JUSTICIA NEOLIBERAL El término “justicia social” fue utilizado por primera vez en 1840 por el cura siciliano Luigi Taparelli D'Azeglio, y recibió prominencia en La Constitutione Civile Secondo la Giustizia Sociale, un folleto de Antonio Rosmini-Serbati publicado en 1848. Trece años después, John Stuart Mill en su famoso libro Utilitarismo le brindó un prestigio casi canónico para los pensadores modernos.Entre los críticos de la justicia social destaca Friederich Hayek quien, durante el siglo XX, sostuvo una enérgica y sostenida crítica a la mayoría de los usos del término “justicia social”. Para tratar de comprender la justicia social, desde el punto de vista neoliberal, en nuestro tiempo, hay que empezar con ese hombre, que deploró el “mal uso” de la justicia social.
   Según Hayek, en la mayoría de los casos, la justicia social se vuelve un término práctico cuyo  significado operativo es: “Necesitamos una ley en contra de esto”.' En otras palabras, se convierte en un instrumento de intimidación ideológica con el objetivo de conseguir el poder de la coerción legal. Así dice ese “brillante” Nobel de Economía y crítico de la planificación, democrática o socialista.Hayek acepta que los efectos de las opciones individuales y los procesos abiertos de una sociedad libre no están distribuidos según un reconocible principio de justicia. Algunas veces, los que tienen mérito son trágicamente infortunados; la maldad prospera, las buenas ideas languidecen y, en ocasiones, los que las respaldan, lo pierden todo.Pero un sistema que valora tanto el ensayo y el error como la libertad de elegir, dice Hayek, no está en posición de garantizar resultados. Así de cínico. 
El autor neoliberal señala como defecto de las teorías de la justicia social del siglo XX, que la conciban como virtud, cuando para él es un “poder”. Según Hayek, nadie debe de romper las reglas establecidas; la libertad impone graves responsabilidades morales. Tampoco se deben calificar resultados infortunados de “injusticias sociales” porque ello conduce a un ataque a la sociedad libre con el objetivo de moverla hacia una sociedad dirigida. Señala como “economías dirigidas” el nazismo y el comunismo, con lo que “justifica” su profunda repugnancia ante ese modo de pensar.
En los sistemas “dirigidos”, continúa Hayek, lo “social” de la “justicia social” se refiere a algo que no emerge orgánica y espontáneamente del comportamiento respetuoso de la ley de individuos libres, sino más bien de un ideal abstracto impuesto desde arriba.
Otros influyentes pensadores neoliberales han continuado en la farsa hayekiana. Lo malo es que han convencido a diversos líderes en los últimos treinta años, por lo menos en nuestro país.Por estas ideas neoliberales, en México, la justicia social, bandera del priismo histórico, se convirtió en “combate a la pobreza”, “solidaridad”, “progresa” y “oportunidades”, simples programas de gobierno, slogans publicitarios, algo menor, mucho menor en importancia y en compromiso para la sociedad y sus gobiernos.
A pesar de lo que digan y hagan los neoliberales de viejo y nuevo cuños, uno de los servicios esenciales que debe administrar el Estado, junto a los de salud, educación y seguridad, es precisamente la justicia.La justicia se simboliza con una mujer, a veces con los ojos vendados, sosteniendo una balanza donde se supone que se busca el equilibrio. Por las posiciones neoliberales, defendidas incluso por personajes que no creeríamos que las defienden, la imagen de la justicia sigue ciega y sorda, dormida y desarmada.Como suelo decir que el artículo y la opinión periodística han de tener poesía, quiero cerrar esta colaboración con la transcripción completa de la letra de la canción escrita por María Elena Walsh e interpretada por ella misma (1971) y por el argentino Cuarteto Zupay:
ORACIÓN A LA JUSTICIA Señora de ojos vendados / que estás en los tribunales / sin ver a los abogados, / baja de tus pedestales. / Quítate la venda y mira / cuánta mentira.Actualiza la balanza / y arremete con la espada, / que sin tus buenos oficios / no somos nada. Lávanos de sangre y tinta, / resucita al inocente / y haz que los muertos entierren / el expediente.Espanta a las aves negras, / aniquila a los gusanos / y que a tus plantas los hombres / se den la mano.Ilumina al juez dormido, / apacigua toda guerra / y hazte reina para siempre / de nuestra tierra.Señora de ojos vendados, / con la espada y la balanza / a los justos humillados / no les robes la esperanza. / Dales la razón y llora / porque ya es hora.En efecto, ya es hora de la justicia, especialmente de la justicia social. A pesar de los neoliberales.  ¡Hasta siempre!
Por: Francisco Rodríguez Pérez

viernes, 23 de septiembre de 2011

No sólo de muertos se nutre el crimen


A muchos mexicanos aquí en nuestra tierra y también a los que viven en Estados Unidos, los avergonzó el discurso de Felipe Calderón durante la apertura de la reciente Asamblea General de la ONU. No es para menos. Realmente ese sentimiento debe traducirse en coraje y no en una simple expresión de quien quiere esconder a un representante porque lo considera indigno; o sea, no hay por qué sentir lo que se llama la “vergüenza ajena”. México, desde la Independencia hasta nuestros días, ha contribuido con valiosas aportaciones al debate mundial, dando primacía a principios como la no intervención, la autodeterminación de los pueblos, la solución pacífica de los conflictos, el apoyo militante a pueblos que han caído en aciagos o complicadísimos momentos (Etiopía, España, Cuba, Chile), fortalecimiento del asilo político a perseguidos en sus propios países como lo ejemplifica el haber convertido nuestro país en la casa de León Trotski, los republicanos españoles transterrados, los chilenos, argentinos y uruguayos que al salir de sus patrias vieron a la distancia los horrores del genocidio. Todo esto lo ha olvidado un presidente entreguista a los Estados Unidos, a grado tal que evade dar el apoyo a la petición de Palestina para ingresar con plenos derechos al más alto organismo internacional. Calderón habla de los muertos del narco y de la tiranía y soslaya el racismo y los crímenes de lesa humanidad sufridos por este país que fue despojado de sus tierras. En lugar de abonar en favor del Derecho internacional y de la mejor tradición de la política exterior mexicana, Calderón se comporta falaz y también esquizoide.

Su discurso neoyorkino nos da, además, la oportunidad de reflexionar sobre nuestros graves problemas a la luz de la historia y la política comparadas. Para mí la premisa mayor de esta crítica es que el crimen no sólo se mide por el número de los muertos. Sin duda cuando el derecho a la vida se menoscaba, su contabilidad se convierte en el más escalofriante de los datos. No sólo con largueza en los argumentos podemos afirmar que la criminalidad también tiene otros indicadores y otras estadísticas. En los treinta años de predominio de las políticas neoliberales, el egoísmo de los poderosos, sus políticas depredatorias, sus modelos de acumulación extrema, han generado muchas más muertes que algunas de las guerras más famosas que se han abatido sobre el planeta. Pero en esencia las tiranías estudiadas hasta ahora no desmienten el haber de cifras millonarias en pérdida de vidas. Las tiranías totalitarias del nazismo, el estalinismo, el jemer rojo de Pol Pot, para referirme a tres de los ejemplos más estudiados, presentan cifras no de miles sino de millones de seres humanos que no tuvieron derecho a una vida digna y que en algún momento se les privó de ella en un ejercicio sostenido de barbarie de cuya historia dan cuenta los horrores de los campos de concentración, el exterminio y los desplazamientos obligados de pueblos enteros. Los argumentos de Calderón ni siquiera se sostienen a la luz de los hechos históricos. Pero ciertamente la historia no es su fuerte, como tampoco le son las lecciones que nos lega.

Decir hoy en una institución donde reina la especialidad sobre los grandes problemas de los estados que es el crimen organizado el que está matando más gente y jóvenes que todos los regímenes dictatoriales juntos, es una mentira. Lo que hace es anunciar otra tiranía. Presupone la existencia de una guerra entre cárteles. La premisa es, según su afirmaciones, que los operadores deEl Chapo Guzmán son unos felones que no le dejan títere con cabeza a los de La Línea; que Los Zetas hacen esto y la Familia Michoacana aquello otro, y que el Estado mexicano está más fuerte que la delincuencia. Sostengo que ha llegado el tiempo que dejemos estas falacias de lado y nos adentremos en la comprensión de la guerra como un proceso mucho más complejo en el que hay que valorar la primacía de intereses de los Estados Unidos, el negro papel de nuestras fuerzas armadas, el por qué esencial del tráfico de armas en la versión Rápido y furioso, el lavado de dinero y la acumulación del capital narco en las altas finanzas del imperio. Estos son los temas y no los huarachudos e ignorantes capos de Badiraguato y otras regiones. Continuar con el enfoque de Calderón es tanto como darle simetría exacta al jefe de los Rockefeller o a Timothy F. Geithner, secretario del Tesoro de los Estados Unidos, con El Mayo Zambada y Juan José Esparragoza, El Azul,y eso no se sostiene, de ninguna manera, y menos como argumento para asignarles los más de 40 mil muertos que registra la guerra calderoniana.

La naturaleza de esta guerra hay que buscarla con hondura, con instrumentos serios aportados por las ciencias sociales y no en las voces de los actuales gobernantes que la ocultan, la manipulan, la maquillan y dejan de lado el tratamiento que se le está dando a nuestras dos fronteras, de manera criminal a la que nos une con el istmo centroamericano donde la bandera de la muerte se ha desplegado para aligerarle a los Estados Unidos la carga migratoria que intenta cruzar por nuestro territorio. Muchos conceptos se pretenden para la interpretación (guerra irregular, guerra híbrida, etc.), pero ya asomó la oreja un modelo reiterado en el que lo regular se conjuga con lo irregular para presentar el producto del genocidio y la limpieza social actuales. Los paramilitares, por ejemplo. Encarar este reto desde la posición de un Estado como el mexicano será un difícil e insoslayable trabajo, el cual Calderón simplifica con sus estrechos paralelismos históricos.

Que los delincuentes matan, claro que matan. El gran problema es: qué hace el Estado. Al inicio de este baño de sangre cuestioné el discurso oficial que simplificaba las cosas con la frase: “los delincuentes se están matando entre sí”, y llamé a esto una especie de darwinismo que privilegia como explicación la selección natural y la supervivencia del más fuerte. Lo dije haciendo salvedad de que este darwinismo era una vulgarización de la obra del fundador de la biología moderna. El Estado parecía confesar, haciendo gala de su calidad de institución mínima, que el crimen se estaba autoregulando, pero la pregunta surgía inevitable: ¿El papel del Estado es recoger muertos, hacer autopsias, levantar actas de defunción y, cuando el caso lo amerita, publicar condolencias? Nunca una realidad demostró lo pernicioso que es hacer del Estado una simple entelequia. Pero Calderón es tenaz para continuar en el error, o mejor dicho, contumaz en la defensa de sus intereses y su servidumbre a los Estados Unidos, acicalada con críticas de muy bajo rigor y poca credibilidad y hasta convenidas con Washington. Su iniciativa para un nuevo Código de Procedimientos Penales lo presentan esquizoide, pues aparentando denostar las tiranías allá en Nueva York, las fortalece aquí con la pretensión de actuar al margen del Derecho y sin la intervención de los tribunales garantes de los derechos humanos.

Ciertamente ya nos acercamos a los guarismos de algunos genocidios el salvadoreño, por ejemplo, pero quienes padecieron la barbarie en tierras como ésta en grueso número sabían que el riesgo de perder la vida era una posibilidad alentada por un mañana mejor; esto cuando se encaraba la dictadura con las armas en la mano y también había no pocos inocentes, como en toda guerra, que pusieron su cuota de sangre. La cifra de muertos durante la guerra civil en El Salvador, entre 1979 y 1992 fue de alrededor de 75 mil, y se estima que el 80 por ciento de las víctimas eran civiles, según el informe de la Comisión de la Verdad creada en 1993 para tal caso. Otra guerra genocida y multiétnica, como la de la actual Bosnia-Herzegovina, arrojó, según cifras oficiales, unos 200 mil muertos; poco más de la mitad eran civiles, sin contar al más de 1 millón 300 mil personas refugiadas y exiliadas. Ni en forma, ni en circunstancia, ni en número valen las semejanzas calderonianas.

En nuestra revolución hubo un gran aporte de sangre, y es ejemplo para no ir tan lejos. Muchos de los que murieron combatiendo la usurpación de Huerta sabían que la posibilidad real de encontrar la muerte estaba más cerca que nunca, pero abrigaban un ideal aunque no lo entendieran a plenitud. Aquí, ante el colapso del Estado, el sicario, el expoliador, el ratero, el violador, el militar abusón, el federal extorsionador, sabe que hay un río revuelto y depreda y mata, y en no pocas ocasiones lo hace manipulado por una discreta estrategia de los beneficiarios de esta guerra, que sí saben de qué se trata.

Pero Calderón ve el crimen nada más como muerte, como ejecutados, como cifra. Y enmascara la guerra para que no veamos precisamente la criminalidad que significa la ausencia de un Estado con responsabilidad y servil a la geopolítica del crimen norteamericano.

En un mundo en el que el concepto “dignidad humana” se ha puesto a prueba, para privar de esta calidad a los agentes de la barbarie, en el que la transparencia y la rendición de cuentas están en retroceso frente a la razón de Estado, en el que los derechos humanos se ponen en entredicho para dar pábulo al “mal menor” que justifica la tortura como mecanismo de investigación penal, todavía hay a quienes la guerra y el asesinato les representan una solución. Cuando leí el escalofriante y abrumador libro Las benévolas, del joven Jonathan Littel, entendí algo que parece obvio: “yo no soy de esos hombres”, pero agrego: tampoco quiero que lo sean los gobernantes de mi país. Qué duro es tener que reconocer que hoy la guerra y el asesinato sólo son una pregunta sin respuesta. Y más grave y doloroso es que cuando alguien grita en la obscuridad sobre este flagelo nadie contesta.

Jaime GARCÍA CHÁVEZ.

jueves, 22 de septiembre de 2011

La lealtad como principio


Entre los valores y principios hay un concepto vivo, una categoría actuante, a pesar de las dificultades y las traiciones que implica: la lealtad.

La lealtad significa fidelidad, franqueza, nobleza, honradez, sinceridad y rectitud. Sólo se es leal si se es fiel. Es imposible pensar en lealtad sin que vaya unida a la fidelidad. Hay algo más extraordinario en ese principio: no basta ser fiel para ser leal a un familiar, un amigo, un correligionario, un camarada o un gobernante.

La lealtad es un principio mucho más exigente que otros: sólo es leal quien, además de ser fiel, es franco y sincero. Esto es importantísimo en la política.

Servir con lealtad, sobre todo en el servicio público, significa servir con franqueza, sinceridad y honradez. Es servir con la verdad por delante. No se es leal si se engaña, si no se dice la verdad o se dicen sólo medias verdades o se dice lo que al líder o gobernante le agrada, lo que desea oír; si se le esconden situaciones y hechos independientemente de las motivaciones que se tengan, eso no es lealtad.

Quien al familiar, al amigo, al jefe, al líder, al gobernante, no le informa los hechos reales, la verdad de las situaciones existentes y presenta la realidad como exitosa cuando no lo es, incurre en una deslealtad mayor, muy peligrosa para el familiar, el amigo, el jefe, el líder o el gobernante y para el proceso o empresa que conduzcan.

La lealtad, como principio, no puede ser confundida con sumisión ni adoración del líder; tampoco con la adulación. Se puede amar profundamente al líder, se puede ser amigo del gobernador, pero ello no significa en ninguna forma ocultarle situaciones incómodas y desagradables.

El político leal, por encima de todo, es franco y llano en sus apreciaciones y dice lo que piensa sin importarle si es incomprendido o es tomado por irrespetuoso.

El político leal no cede al chantaje de parecer un “enemigo” de la revolución, del gobierno o del gobernante.

El político leal sabe muy bien que lo más dañino para un proceso de cambios es ocultar y negar las desviaciones, distorsiones y perversiones, que usualmente se producen a su interior y que sólo el líder es capaz de enfrentar y corregir, si cuenta con colaboradores leales y sí el mismo es leal.

El político leal sabe que callar, voltear la cara, dar la espalda, cerrar los ojos, mientras otros, así sean el líder de partido o el gobernante, deforman y desfiguran perversamente las acciones revolucionarias, aquéllas que son la esencia de lo nuevo y de lo trascendente, se convierten en conductas criminales que pueden hacer fracasar el proceso de cambio y de transformaciones.

Aquella revolución, aquel cambio, aquel gobierno que considere contrarrevolucionaria toda crítica que se le haga, está dejando de ser revolución, cambio o gobierno…

La lealtad, por definición, es firmeza en los afectos y en las ideas que lleva a no engañar ni traicionar a los demás: la lealtad de una conducta; la lealtad es una gran virtud. La lealtad es el comportamiento de una persona o animal que guarda la máxima fidelidad, que no engaña, según el Diccionario Manual de la Lengua Española Vox, 2007, Larousse Editorial.

«La fidelidad no explica por sí sola más que la exactitud con que se cumple la obligación contraída, con que se observa la ley de vida al soberano; la lealtad añade a esta idea la del afecto personal con que se cumple aquella obligación. Por eso no se dice: juramento de lealtad, sino juramento de fidelidad». dice José López de la Huerta en el Diccionario Manual de Sinónimos y Antónimos de la Lengua Española Vox, 2007, Larousse Editorial.

La lealtad es una virtud que se desarrolla en la conciencia y que implica cumplir con un compromiso aun frente a circunstancias cambiantes o adversas.

Lo contrario de la lealtad es la traición, que supone la violación de un compromiso expreso o tácito. Por ejemplo: un hombre debe ser fiel a su esposa. No mentirle forma parte de la lealtad. Si, en cambio, engaña a su mujer, está cometiendo una traición.

La lealtad a un Estado o país suele jurarse con actos que involucran a la Bandera Nacional. A través de este tipo de juramentos, las personas se comprometen a defender el honor de su patria.

Se habla de lealtad, además, para hacer referencia a la gratitud, compañerismo y amor que algunos animales son capaces de mostrar al ser humano. El perro y el caballo suelen ser mencionados como animales leales, capaces de arriesgar sus propias vidas para salvar a su dueño.

Si así es en los animales, cuán importante es, pues, la lealtad entre los hombres, la lealtad en la política.

Ahora es bueno recordar algunas frases al respecto:
“Sólo el que manda con amor es servido con lealtad”, como dijera Francisco de Quevedo.
“Ser leal a sí mismo es el único modo de llegar a ser leal a los demás”, sostiene Vicente Aleixandre.

Napoleón Hill supo destacar este principio de vida: “La deslealtad lo marca a uno como siendo menos que el polvo de la tierra, y trae además el desprecio que se merece. La falta de lealtad es una de las mayores causas del fracaso de cada camino de la vida”.

Según John William Cooke “(...) hay dos clases de lealtad, la de los que son leales de corazón al Movimiento y los que son leales cuando no les conviene ser desleales. Con ambos hay que contar: usando a los primeros sin reservas y utilizando a los segundos, a condición de colocarlos en una situación en la que no les convenga defeccionar.

Al final, no hay hombres buenos ni malos, más bien todo depende de las circunstancias, aunque para conducir es siempre mejor pensar que muchos son malos y mentirosos”.

Por su parte, Juan Domingo Perón expresó: “Cuando uno conduce con verdadera pasión, lealtad y sinceridad, es mucho más difícil el puesto del que dirige que el puesto del que ejecuta, y es para eso que debemos formar y preparar nuestros hombres”.

La lealtad es un principio verdaderamente exigente, por eso hay tantos que la odian. Por eso es tan escasa la lealtad en nuestro tiempo. Pero la lealtad es tan gratificante, al final de todo, que vale la pena intentarla, vivirla, arriesgarse por ella, adoptarla como principio, como valor esencial, porque la lealtad es el afecto personal con que se cumple el imperativo categórico, moral, ético y legal de cada persona. ¡Hasta siempre!


Francisco Rodríguez Pérez

lunes, 19 de septiembre de 2011

Peña Nieto y sus ''críticos''


Estaba previsto. Era de esperarse. El mismo día que dejaba el poder en el Estado de México se convertiría no sólo en el más sólido aspirante a la candidatura priista, sino el rival a vencer en las elecciones presidenciales del próximo año: Enrique Peña Nieto representa la certidumbre, la confianza, la seguridad del triunfo dentro y fuera del Partido Revolucionario Institucional y el regreso del priismo a Los Pinos.

Mientras en el Partido de la Revolución Democrática, que se perfila por “la medalla de plata”, si acaso, tienen dos fuerzas contrarias que, como trenes, pueden chocar, y diversas tribus que alimentar, entre Andrés Manuel López Obrador y Marcelo Ebrard Casaubón, el PRI ha entendido el gran valor de la unidad y de la certidumbre.

Mientras el Partido Acción Nacional, dirigido por un irrelevante chihuahuense, al que se augura, si mucho, “la de bronce”, acepta gustoso el juego del “tapadismo” implementado por el Presidente Felipe Calderón, con su delfín, Ernesto Cordero, pero siguen las opciones con Josefina Vázquez Mota y Santiago Creel.

En el PRI hay más opciones, entre las que se mencionan a Manlio Fabio Beltrones y Beatriz Paredes, pero es indudable y probablemente irreversible la ventaja de Peña Nieto.

Por eso hay tantos críticos de Peña Nieto, algunos de los cuales cuestionan desde nimiedades y vulgaridades, mientras otros asumen como ciertas las perversidades que acusan situaciones extremas de la vida personal y conyugal.

“Los suspirantes 2012”, libro coordinado por Jorge Zepeda Paterson, cuya redacción concluyó a principios de marzo de este año, abre sus páginas con el artículo “Enrique Peña Nieto: El “Luis Miguel” de la política”, firmado por el periodista y escritor Ignacio Rodríguez Reyna.

“Enrique Peña Nieto nacía en Atlacomulco, Estado de México, y el gobierno mexicano había echado a andar la cuenta regresiva para el arranque de los Juegos Olímpicos de 1968. Faltaban 816 días para que Gustavo Díaz Ordaz, el presidente priista de más amargo recuerdo, inaugurara la competencia y más de 45 años para que el recién nacido intentara, luego de tener una vida de telenovela, dormir en el mismo lugar: la Presidencia de la República”.

Rodríguez Reyna detalla la infancia del “niño adulto”, “las mujeres, siempre” hasta Mónica Pretelini Sáenz, “la viudez polémica”, “una debilidad añeja” (otra vez las mujeres, y los hijos fuera del matrimonio), “te lo firmo, te lo cumplo y lo televiso”, “las otras mujeres feminicidios”, “La Gaviota”, “el telecandidato”, “Atlacomulco, de principio a fin”, “Y de apellido Montiel”, “la herencia política”, y “la sombra de Salinas”. Una radiografía, pues, para consultar.

Como “enemigo a vencer”, se le han desatado, y desatarán, los demonios…

John Ackerman ha cuestionado infinidad de elementos negativos, desde su punto de vista, enfilados hacia el aspirante priista. El 13 de septiembre del 2011, explica en Proceso, que Enrique Peña Nieto gusta de presumir que ha cumplido con los “compromisos” establecidos al principio de su mandato; que no se cansa de presentar la realización de las obras públicas más elementales, cuya construcción es obligación de cualquier mandatario, como si fueran generosos regalos de un líder “eficaz” y “cercano a la gente”.

Los compromisos son, dice demagógico Ackerman, con “la oligarquía y la clase política dominantes responsables de la actual tragedia nacional”.

Cuestiona que “Peña Nieto se negó a acudir al Congreso del Estado de México para rendir su informe y exponerse a los cuestionamientos de la oposición”.

Lo acusa de que, en su discurso, “Peña Nieto habló de la necesidad de transitar de una democracia “exclusivamente electoral” a una que “dé resultados y construya acuerdos”.

Recuerda que el PRI “gobierna la mitad de los estados de la República, incluyendo algunos de los más violentos, como Tamaulipas, Chihuahua, Nuevo León y Durango” y agrega: “El estado de descomposición que existe en el país surge no solamente de la ineptitud de Felipe Calderón, sino también de la total inefectividad institucional que se ha manifestado en aquellas entidades”.

Ackerman se refiera al PRI como el “viejo partido de Estado”, con el evidente desprecio a la tercera edad que eso significa, al que acusa de haber impuesto una lógica autoritaria e intolerante en la Cámara de Diputados, y de presentar “la propuesta de Ley de Seguridad Nacional, que busca imponer nada menos que un Estado policiaco-militar represivo en todo el país”.

Insiste que el PRI impulsa la propuesta de “reforma política” de Peña Nieto, que pretende resucitar los tiempos autoritarios con una nueva “cláusula de gobernabilidad” que eliminaría la voz de la oposición política en la Cámara de Diputados, según el analista.

Acusa que el PRI “también es el principal responsable de la falta de acuerdo sobre los nuevos consejeros electorales del IFE, algo que pone en riesgo la validez de las próximas elecciones presidenciales”.

Curioso método: en su artículo Ackerman se autocita y promociona otros artículos suyos…

Además menciona “el aval del PRI a los proyectos de reforma a la Ley Federal de Trabajo y de la nueva Ley de Asociaciones Público-Privadas presentados por Calderón”.

Dice que no faltan “acuerdos”. Desde su punto de vista “el contundente fracaso de la “alternancia” en los últimos 11 años no es la falta de acuerdos, sino el exceso de los mismos con los factores reales de poder: Televisa, el gobierno estadounidense, la Iglesia católica, el SNTE, “El Chapo” Guzmán, los grandes monopolios empresariales, y “el mismo viejo partido de Estado”.

Sin más bases que su opinión Ackerman sostiene “que un eventual gobierno federal encabezado por Peña Nieto implicaría una absoluta continuidad con el fallido gobierno de Calderón”. Dice esto, porque en el sexto informe de Peña Nieto estuvieron en primera fila “Diego Fernández de Cevallos, Elba Esther Gordillo, Televisa, Manlio Fabio Beltrones y Javier Duarte, así como los representantes de la burocracia eclesial y las cúpulas de las empresas monopólicas del país”.

Señala que “el contraste entre el derroche financiero para el espectáculo mediático del informe y las calles destruidas y casas inundadas de Cuautitlán, Tlalnepantla, Atizapán y otros municipios es un abierto insulto a la inteligencia ciudadana y a cualquier sentido de ética”.

También menciona “el contraste entre las cifras maquilladas presentadas por Peña Nieto en materia de seguridad pública y la escandalosa actuación de sus procuradores de justicia en los casos de Paulette y el poeta Bartolomé, así como el aumento de los feminicidios y la violencia en el Estado de México” como “otro insulto a la sensibilidad humana”.

Además, dice, “el abismo entre el supuesto “desarrollo” que el gobernador saliente habría llevado al estado y el aumento real de la pobreza y marginación en la entidad es una burla más para los habitantes de la demarcación”.

Ackerman advierte que Peña Nieto, al dejar el poder, “seguirá gozando de los recursos públicos”, porque “Eruviel Ávila le debe todo a Peña Nieto, y seguramente no dudará en facilitarle al exgobernador “cualquier cosa que se le ofrezca” en su búsqueda de la Presidencia”.

De ese nivel es el cuestionamiento de los “críticos” de Peña Nieto…

Finaliza con una frase risible, que falta el respeto a la inteligencia del pueblo mexicano: “Habría que hacer votos para que la ciudadanía no caiga en el engaño…”

No es de extrañar que los demonios se le suelten encima a Peña Nieto. Unos culpan a Televisa y demás medios masivos, de su popularidad.

Otros se refieren a la impotencia, al coraje, a la tristeza que les causa el que Peña Nieto “vaya a ser el presidente de nuestro país”.

Algunos más, se aventuran a señalar que “si gana Peña Nieto” la situación estaría peor…
Lo cierto es que Enrique Peña Nieto, se perfila, como ningún otro aspirante, a la candidatura priista, y con ello a la Presidencia de la República.

No se pueden descartar imponderables, pero, hoy por hoy, antes de empezar precampaña o campaña alguna, Peña Nieto puede tener certezas, seguridades y confianza para su eventual triunfo en el 2012.

Por: Francisco Rodríguez Pérez

La Trata de Personas




Un grave asunto que amenaza hoy en día la endeble estabilidad social de nuestro país, no es el narcotráfico ni la lucha entre carteles o la guerrita del gobierno federal contra los “delincuentes que amenazan la vida nacional”, sino la Trata de Personas o Trata de Blancas como también se le conoce.


¿Pero que es este tema que hoy comento con ustedes?


De acuerdo a la ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, este problema se define como:

La trata consiste en utilizar, en provecho propio y de un modo abusivo, las cualidades de una persona. 


Para que la explotación se haga efectiva los tratantes deben recurrir a la captación, el transporte, el traslado, la acogida o la recepción de personas

Los medios para llevar a cabo estas acciones son la amenaza o el uso de la fuerza u otras formas de coacción, el rapto, fraude, engaño, abuso de poder o de una situación de vulnerabilidad. 


Además se considera trata de personas la concesión o recepción de pagos o beneficios para obtener el consentimiento de una persona que tenga autoridad sobre otra, con fines de explotación. 


La explotación incluirá, como mínimo, la explotación de la prostitución ajena u otras formas de explotación sexual, los trabajos o servicios forzados, la esclavitud o las prácticas análogas, la servidumbre o la extracción de órganos.

En la actualidad grandes bandas criminales trabajan a nivel internacional en redes que han logrado captar la atención de gobiernos y de organizaciones civiles, locales e internacionales, dada la frecuencia y el número de personas que desaparecen sin dejar rastro alguno y de los casos en que estas desapariciones han culminado en el encuentro y rescate fortuito de víctimas de este delito, exponiendo con ello una más, de las tristes realidades que nos ha tocado vivir. 


Agencias especializadas del Gobierno Norte Americano, estiman que en México operan al menos 5 mil bandas de Tratantes de Personas, todas y cada una de ellas, obviamente coludidas con autoridades, no podría ser de otra forma. 


Mientras que este delito y práctica deleznable continúa en aumento en países sobre todo con sub desarrollo, la demanda de los servicios principalmente de carácter sexual, se da en los países con mayor desarrollo pues este tema como muchos más que corrompen la integridad del ser humano, tiene que ver con la avaricia y el deseo por poseer riqueza. 


Según la oficina de la ONU contra la Droga y el Delito (ONUDD) estima que hay, como mínimo, 2,5 millones de víctimas de trata de personas en un determinado momento.


Según la ONUDD, aproximadamente el 79 por ciento del total de la trata de personas tiene el propósito de explotación sexual, mientras que la OIT estima que el 98 por ciento de las personas objeto de trata con fines de explotación sexual son mujeres y niñas. 


Con una rentabilidad incalculable puesto que se trata de una actividad ilícita, diferentes organismos internacionales calculan que la trata de personas genera anualmente de 36 mil a los 46 mil millones de dólares, lo cual tiene capacidad corruptora impresionante. 


Esta ocasión hago un llamado a las conciencias de cada uno de los apreciables lectores de estas reflexiones que escribo y que ustedes amablemente siguen, invitándolos a estar atentos alrededor de nuestras vidas y no permitir que siga creciendo este tipo de delitos, tratemos de ser refugios seguros para estas personas, si conocemos un caso de alguna persona que parezca que está siendo forzada a dedicarse a una actividad en especial, bien podría tratarse de tu hermana, tu hija, simplemente es una persona que tiene derecho a ser libre. 


Edgar Chávez Tarrío.

Deuda en Chihuahua y otros estados priístas, ¿futuro Fobaproa?

Hablar de finanzas y cuenta pública, tanto en nuestro país como en el mundo dominado por el neoliberalismo, es un problema mayúsculo. Se confunde lo esotérico con el engaño, la información con la percepción manipulada. Desentrañar qué significa “certificación” –como la de Fitch Ratings‒, “bursatilidad”, “capacidad de maniobra”, “udización” “fideicomiso irrevocable de emisión”, “apalancamiento y sostenibilidad de la deuda” es una tarea mayor que la que encaró Champollion para descifrar la lengua hierática o sagrada de los egipcios. Quiero decir que la comprensión cabal de estos conceptos de la clase política requiere mayores esfuerzos que la primera traducción de la famosa piedra Rosetta. Seguramente habrá quien sonriese escéptico ante esta afirmación y le concedo toda la razón, pero el símil vale, como también es pertinente para descifrar las misceláneas fiscales que durante años fueron el quebradero de cabeza de los contribuyentes mexicanos, particularmente aquellos que no podían contratar costosos contadores, financieros y fiscalistas. A los gobernadores priístas del país les afecta el nuevo síndrome Humberto Moreira, cabeza de la casa dinástica de Coahuila que endeudó a su estado de manera irresponsable para un ciclo que alcanzaría varios periodos sexenales del estado natal de Francisco I. Madero y Venustiano Carranza. A Moreira lo agarraron con los dedos contra la puerta, más que por su nepotismo por haber empleado el poder de su firma para hundir en crisis financiera al estado que gobernó hace seis años y sigue gobernando a través de su hermano impuesto. Pues este síndrome lo padecerá Chihuahua, hay elementos de antaño que marcan la tendencia, bajo la desordenada administración financiera de César Duarte. Se trata de un problema al que hay que ponerle un hasta aquí. Ahora ya es tarde pero mañana la tardanza será mayor y el desbarajuste incontrolable y nos golpeará más profundamente la crisis. Bajo esta óptica resulta deplorable, por decir lo menos, el pronunciamiento empresarial laudatorio aparecido hace unos días y en el que se lee: “...esta entidad (Chihuahua) cuenta con finanzas sanas que le permiten adquirir créditos sin comprometer su capacidad de maniobra, con lo que queda de manifiesto el que se pueda presumir de tener una de las 5 economías estatales más sólidas del país”. Esto lo afirma, a nombre de todas la agrupaciones empresariales, el señor Ramiro Arroyos Piñón, haciendo el papel de corifeo de la tragedia duartista. Sin más, el pronunciamiento se suma a la industria del desplegado lambiscón que azuela nuestra tierra. Por lo demás, es politiquería, porque esos mismos empresarios que hoy aplauden, son capaces de llorar mañana y desgarrarse las vestiduras. No es con desplegados, sino mostrando datos duros e información consistente como se entra a este tema. Estas son las cifras oficiales de la deuda pública y su evolución a las que he tenido acceso en documentos gubernamentales: a diciembre de 2005 su monto era de 102 millones de pesos (sumas redondeadas) y para el mismo mes de 2009 su monto se elevó a 2 mil 265 millones de pesos, con un incremento del 2 mil 105 por ciento, para llegar a idéntico mes en el 2010 a 4 mil 962 millones de pesos; es decir, entre 2009 y 2010, en un sólo año, la deuda estatal se incrementó 2 mil 696 millones de pesos, equivalente a 119 por ciento. El gobierno de Duarte, además, en su primera Ley de Ingresos, aprobada en diciembre de 2010, recibió el obsequio del Congreso para contratar deuda (empréstito) hasta por la cantidad de 3 mil millones de pesos más intereses, garantizando su pago con el 75 por ciento del Impuesto sobre Nóminas, y subrayo que es el principal ingreso propio. Números van y números vienen, para fines mediáticos se acomodan de una manera u otra con la finalidad de enmascarar la realidad y hacerla perceptible a los gustos y caprichos de los hombres del poder. En cualquier esquema en el que tenga mediana vigencia la transparencia y la rendición de cuentas, toda la sociedad, y particularmente los contribuyentes sabrían estos números con exactitud. Pero no es el caso. Lo que reina es el disfraz al servicio de la alta discrecionalidad en el manejo de las finanzas públicas y a este respecto conviene ver la historia de la intervención de la calificadora Fitch Ratings (hábil instrumento de la usura y la rapiña internacional) y todos los disparates que se han dicho con base en la misma: La calificadora estadunidense, que tiene sedes compartidas en Nueva York y Londres y cuenta con 51 filiales distribuidas en todo el mundo, incluido México, emitió el pasado 26 de agosto un inesperado “comentario” financiero a raíz de la publicación de los niveles de endeudamiento de varios estados del país por parte de la Secretaría de Hacienda federal en el que se afirma que Chihuahua debe más de lo que reporta: 14 mil 196 millones de pesos en lugar de 4 mil 962. En ese comunicado, Fitch Ratings, que omitió comentar el monto de la deuda reportada tanto por el gobierno estatal como el federal, afirmó entonces: “La calificación actual de la calidad crediticia del Estado de Chihuahua es de A+(mex) con perspectiva crediticia negativa. Asimismo, mantiene una calificación de AAA(mex) de la emisión de certificados bursátiles CHIHUCB 05, cuya fuente de pago es el 12 por ciento del fondo general de participaciones correspondiente al Estado, los cuáles fueron afectados a un fideicomiso irrevocable de emisión, administración y fuente de pago”. Dicha empresa se comprometió a finales de agosto a emprender una “investigación” y dar su última palabra. Casi dos semanas después, el pasado 9 de septiembre, Fitch Ratings ratificó su calificación crediticia respecto a Chihuahua con exactamente los mismos argumentos, y sobre las diferencias entre las cifras reportadas por el estado y la federación consideró que éstas “se deben a la forma en que ambas fuentes registran los saldos y disposiciones de los créditos de corto plazo y cadenas productivas de la administración central del estado y de la administración descentralizada (salud, educación y pensiones, principalmente)”. Si el mismo razonamiento sirvió en agosto para que César Duarte denostara a Fitch Ratings, ahora, luego de la ratificación de las calificaciones el secretario de Hacienda estatal, Cristian Rodallegas convoca a los medios para declarar que “lo mejor que nos pudo pasar fue que Fitch nos evaluara, ya que es una empresa reconocida internacionalmente” y que, a partir de ello, en Chihuahua “tenemos una de las administraciones más sólidas del país”, además de contradecirse al afirmar que la calificación A+ reiterada por la calificadora norteamericana “es considerada como buena”, aún cuando la evaluadora lo considera exactamente al revés: “con perspectiva crediticia negativa”. ¿A quién creerle? Es difícil entender todo esto, insisto, pero es la manera de adulterar las cosas por parte de quienes conducen el patrimonio público. Por otra parte es altamente preocupante cómo se han destruido las instituciones encargadas y obligadas conforme a la ley para auditar y fiscalizar todo lo relativo a la cuenta pública y en general a la situación financiera del estado. El Congreso local no ha tomado su responsabilidad y ni puede por su incapacidad y además no hay voces que insistan permanentemente sobre la materia. La oposición (¡vaya eufemismo!) es nula, llámese del PAN, del PRD y no se diga del Partido Verde y el Panal; y la Auditoría Superior del Estado, encabezada por Sérbulo Lerma Carbajal tampoco hace nada, no obstante que es el órgano jurídicamente técnico para intervenir y nutrir de información a la sociedad sobre el manejo que la misma pone en manos de los gobernantes. Pareciera ser que el lema de los gobernantes es: “vive el hoy y que del mañana se encargue Peña Nieto”. Eso explica, dicho sea de paso, el que Duarte vaya en un largo peregrinar por el estado como una especie de santoclós dando y regalando lo que se le ocurre y al margen de toda planeación democrática. La reforma a la Ley Orgánica del Poder Ejecutivo incrementó la discrecionalidad, pues si antes había quién intervenía para planificar y quién para invertir, hoy eso se hace cara a cara ‒lo que tampoco creo‒ entre el gobernador y su secretario de Hacienda. La discrecionalidad continúa y, no lo olvidemos, sin rendición de cuentas esto significa corrupción y disparates de todo tipo. Que lo hagan en su huerto sería su soberanía, pero es inadmisible en los asuntos del Estado. La razón de César Duarte que hace de su gobierno una campaña electoral para restaurar el viejo autoritarismo encabezado por Enrique Peña Nieto es quizá una pedestre razón de Estado: una vez que llegaran a tomar el poder y en un viaje veloz por las obedientes legislaturas locales, un Congreso de la Unión maniatado, llevaría a la decisión de crear una especie de Fobaproa para las entidades federativas en bancarrota, como el Coahuila de Moreira, para absorber las deudas... y que las paguen todos los mexicanos para seguir saqueando a nuestro pobre país. Por último, no olvide algo indispensable, siguiendo las valiosas ideas de la investigadora Dolores Beatriz Chapoy Bonifaz, del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM: la obligación esencial de toda administración, sin importar su rango es satisfacer las necesidades de la población con obras públicas productivas, lo que se logra si y sólo si, se cuenta con una hacienda pública saneada que impida contar con más de lo que está planeado que va a ingresar por contribuciones. Gastar más de lo presupuestado o vivir de prestado nunca ha llevado a buen puerto, y por tanto, hay que basarse en las fuentes ordinarias de ingreso. Y tengo para mí, mucho menos, comprometiéndose con la banca rapaz. Jaime GARCÍA CHÁVEZ

jueves, 15 de septiembre de 2011

Lucremos con el dolor de las victimas

El incendio de la garita de juegos en Monterrey en el que fallecieron 52 personas producto de un acto innombrable realizado por sujetos inadaptados, desposeídos por completo de la más elemental sensibilidad humana, es el nuevo juguetito de la prensa nacional, y el tema que usan líderes políticos y organizaciones sociales para estar frente a los reflectores. Sin embargo en unas cuantas semanas no dejara de ser otro acto más de esos desafortunados que nos toca vivir año con año, ya sea en Creel, Ciudad Juárez, Monterrey, Acapulco, Michoacán, Durango, Tamaulipas, Sinaloa, en fin, por todo el territorio nacional. 16 de agosto de 2008 masacre de Creel Chih. mueren 13 seres humanos, los partidos políticos, la prensa y las organizaciones sociales, alzaban la voz, todas con el mismo discurso, que no se repita una vez más en nuestro país un hecho como este donde fueron masacrados inocentes que lo único que hacían era divertirse sanamente y estar en el lugar equivocado a la hora menos indicada. 31 de enero del 2010 Ciudad Juárez la mascare de 16 jovencitos que hacían fiesta en un domicilio particular, porque la violencia desmedida que se vivía en aquella ciudad fronteriza, había terminado con la vida social en establecimientos destinados para eso, de esta manera todo México se entero que existía la colonia Villas de Salvarcar y nuevamente la autoridad se pronunció enérgicamente diciendo que los responsables serian castigados, las organizaciones clamaron por justicia y los partidos lucraban con el dolor llevando agua a sus respectivos molinos. 2 de octubre de 2010; Acapulco Guerrero, desaparecían un grupo de 20 vacacionistas michoacanos, quienes, para la Secretaria de Turismo, no tenían “el perfil de turistas” por eso merecían haber sido secuestrados y desaparecidos, posteriormente encontrados muertos, previamente torturados. Vino el escándalo en los medios, las declaraciones de la autoridad, el clamor de organizaciones y el jaloneo político. Agosto del 2010, San Fernando Tamaulipas; encuentran los cadáveres de 72 inmigrantes y a la fecha suman ya más de 116 cuerpos de inmigrantes centro americanos encontrados en fosas de este tipo en este mismo municipio, vino la condena de la prensa internacional, el gobierno prometió castigo a los responsables, justicia a las familias de las víctimas, las organizaciones exigían la garantía a los derechos humanos, y de nueva cuenta las ganancias del mercado del dolor, en donde todos ganan, menos quienes son los actores principales las víctimas y sus familiares. 26 de agosto del 2011, Monterrey Nuevo León; el incendio al Casino Royal del cual todos conocemos el saldo y las lamentables pérdidas humanas, este se ha convertido hoy en día en el nuevo juguetito de la prensa nacional, de las organizaciones sociales en Monterrey, quienes en un intento por exigir paz, lo único que han logrado mostrar es la desorganización que como sociedad tenemos, registrándose en sus manifestaciones, confrontaciones y violencia física además de la verbal, de los políticos ni que decir, ellos están ahorita pidiendo que desaparezca prácticamente la clase política Neo Leonesa, lo que no entiendo, una especie de autogol. Mientras que todos dudamos de las instituciones y en tiempos que la autoridad no logra conformar una organización con visión de Estado y en la que cada quien actúa por su cuenta, el crimen sigue organizándose y demostrándonos a todos quienes mandan, sometiéndonos en su mundo de terror. Estos casos que señalo son solo algunos y lo hago de manera ilustrativa, no limitativa, porque a estos casos hay que agregar los cientos de decapitados, desmabrados, secuestrados y los miles de asesinados y desaparecidos, en todos ellos las voces del ya basta se han dejado escuchar, pero ese ya basta no va acompañado por ninguna estrategia o plan de acción con visión de Estado, la amenaza de las autoridades de castigar a los responsables, son palabras vanas, infértiles para aquellos que empuñando un arma de fuego dictan la ley y atemorizan a la propia autoridad. Que ha pasado con los familiares de las victimas de Creel, de Juárez, de Centro América, de Michoacán… eso mismo les espera a los de Monterrey, después del lucro, el olvido… Edgar Chávez Tarrío.