miércoles, 14 de diciembre de 2011

Festival de Naciones



El sábado 10 de diciembre, Día Mundial de los Derechos Humanos, en vísperas del Día Internacional del Migrante, que se celebra el 18 de diciembre, fue la fecha elegida para celebrar el Festival de las Naciones en la Ciudad de Chihuahua, como se ha realizado en otros años y otros municipios de la entidad. 

Esos eventos, que son auspiciados por el Instituto Nacional de Migración, destacan la diversidad, la pluralidad de la población migrante asentada en Chihuahua. En ocasión del Festival de las Naciones, en la capital del estado, tuve el gusto de preparar el mensaje para representar al Ciudadano Gobernador César Horacio Duarte Jáquez.

Luego de referirme a los datos del INM en torno de los emigrantes en el estado y en la Ciudad de Chihuahua, dije que hablar del Festival de las Naciones, en esta ciudad y en el estado, es hablar de migraciones, de diásporas y, sobre todo, de inmigrantes.

Quise luego compartir con la concurrencia el extraordinario mensaje que contiene el poema de Gian Franco Pagliaro, precisamente titulado “Inmigrantes”:

Llegaron con sus mujeres y sus hijos. / Otros, vinieron solos o con algún amigo, / desembarcaron en el puerto con el corazón confuso / y los ojos cansados de tanto mar y tanto viento.

Trajeron sus canciones y sus bailes, / sus idiomas, sus ritos, sus rituales, sus dioses eternos, / trajeron todo lo que pudieron, hasta sus vicios / y todos los juegos que aprendieron de niños / para matar el tiempo, el tiempo adverso.

Tenían olor a otras tierras y semillas en las valijas / el oficio de sus antepasados, para enfrentar el futuro / y esa antigua y milenaria costumbre / de sobrevivir a las guerras, a la peste, / a la miseria, a las persecuciones.

Tenían nombres y apellidos difíciles de pronunciar / y difíciles de escribir / que fueron fácilmente deformados / por los inspectores de aduana.

Eran campesinos, carpinteros, albañiles, / artesanos, eran profesionales con títulos / y orgullosos trabajadores de cualquier cosa / sin títulos y sin blasones.

Eran expertos en sacrificarse todo el día del mes, de todos los años, / de hacerle frente al mal tiempo y a la mala suerte, / con la pala en la mano y un canto en la voz, / era gente extraña / en un país lleno de extraños.

Peritos de la abnegación, obstinados, cabezas duras / capaces de sacar agua del desierto y tierra de las aguas / de convertir médanos en jardines y perforar montañas / para acortar los caminos del sufrimiento.

Y crearon ciudades, curaron enfermos, / levantaron sus iglesias y sus templos, / derribaron árboles y con la madera de esos árboles / hasta hicieron sus propios ataúdes.

Llegaron para hacerse a América en un par de años, / con la idea fija de regresar cada uno a su pueblo, / pero aquí se quedaron para siempre, aquí murieron / sin haber olvidado nunca el idioma natal / sin haber aprendido bien nunca el nuevo idioma.

Aquí tuvieron más hijos y éstos otros más / que fueron sus nietos, y éstos muchos más / hasta poblar este desolado y vacío país, / de doctores y médicos, de poetas y cantores, de músicos y bailarines / de trabajadores pacientes, de abnegados campesinos, / de ingenieros y albañiles, de hábiles artesanos y sublimes artistas...

Que heredaron esa antigua milenaria costumbre / de sobrevivir a la guerra, a la peste, al hambre, / a las persecuciones en un país que busca su identidad en el monte, en el altiplano.

Que busca su pasado entre las ruinas de otras arquitecturas, / en el sonido de otros instrumentos, / en la historia de otras historias, menos en los barcos, / en esos viejos barcos que un día cruzaron milagrosamente el océano / con un cargamento enorme de pequeños y grandes inmigrantes.

El Festival de las Naciones, reúne a personas originarias de al menos 40 países diferentes, inmigrantes que comparten su cultura en esta gran fiesta de la Humanidad.

Este Festival es muestra gastronómica, degustación de los platillos típicos, acercamiento a las diversas culturas a través de diferentes objetos, la explicación de inmigrantes acerca de cómo se vive en sus países, danzas con vestuarios y música de cada país, concursos y premios al mejor stand, el mejor platillo y el mejor traje típico.

Eso me hizo pensar, como Montesquieu: “Si yo supiese algo que me fuese útil y que fuese perjudicial a mi familia, lo expulsaría de mi espíritu. Si yo supiese algo útil para mi familia y que no lo fuese para mi Patria, intentaría olvidarlo. Si yo supiese algo útil para mi patria y que fuese perjudicial para Europa, o bien que fuese útil para Europa pero perjudicial para el género humano, lo consideraría como un crimen, porque soy necesariamente hombre mientras que no soy francés más que por casualidad”.

O como la espléndida Hanna Arendt señala en La Vida del Espíritu: “No el Hombre, sino los hombres habitan este planeta. La pluralidad es la ley de la Tierra”. Como expresa Alberto Cortés: “No me llames extranjero”... Mejor nos llamamos “inmigrantes”...

Todos los días lo vemos y lo palpamos en esta ciudad generosa y hospitalaria, y lo refrendamos, hoy, con el magnífico Festival de las Naciones, iniciativa que hace honor a la multiculturalidad, a la pluralidad y a la diversidad, como el signo de la civilización y de la humanidad. ¡Hasta siempre!

Por: Francisco Rodríguez Pérez 

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