lunes, 23 de julio de 2012

La impunidad




El principal flagelo del estado de derecho en México y la principal causa de que los ciudadanos no vean en la autoridad el medio para poder convivir armónicamente se llama “IMPUNIDAD”.

La asociación civil mexicana denominada Mexicanos en Red presentó en 2008 un estudio nacional sobre la participación ciudadana con respecto a las denuncias presentadas por delitos sufridos y el resultado en aquel entonces es alarmante, no se denuncian el 77% de los delitos que se cometen.

Pero la estadística, que es un instrumento que sirve como punto de partida para diagnosticar un problema y comenzar a diseñar el tratamiento para erradicarlo, nos proporciona cifras aun más preocupantes,  pues del 23% de los delitos que se denuncian, solo entre el 7 y 9% alcanzan a detener a los presuntos responsables y sancionarlos.

Mexicanos en Red señalan textualmente:

… “Las denuncias ciudadanas deben formar parte de una estrategia integral de combate a la incidencia delictiva, de lo contrario, las instituciones encargadas de impartir justicia difícilmente se podrá ganar la confianza de la ciudadanía”.

Sin embargo al no contar con corporaciones policiacas ni con autoridades de procuración de justicia confiables, resulta delicado descansar en los ciudadanos la fundamental tarea de denunciar los hechos delictivos.

Todo inicia en con la falla en la punibilidad, esa característica jurídica que en resumidas palabras significa que “quien la hace, la paga” pero eso no sucede en nuestro país, lamentablemente, lo que abre paso para que muchos ciudadanos hagan de su modo de vida actividades que atentan contra los bienes más preciados jurídicamente de los individuos, su persona, sus bienes y su patrimonio.

Diariamente vemos y convivimos con hechos delictivos de alto impacto que parecieran inofensivos, pero que forman parte de de una gran red de delincuencia que diversifica fácilmente sus ingresos cambiando de la piratería al secuestro o la extorsión o bien a la distribución de drogas.

Estos hechos se dan a plena luz del día y ante los ojos de las autoridades, solo por citar un ejemplo, en los puentes internacionales que comunican a México con Estados Unidos de Norteamérica, se pasean entre las líneas de los autos los vendedores de mercancías ilegales (música y películas) junto a los elementos de la POLICIA FISCAL, la policía federal preventiva y el ejercito mexicano.

Ese hecho resulta una burla para quienes aspiramos a vivir en un Estado de Derecho en el que se fijan las normas de convivencia social y de actuación de las autoridades.

Lamentable resulta también ver como los convoys del ejército se paran en los puestos de discos, películas, lentes y perfumes piratas a comprar la “mercancía”; no entienden es su limitada visión que llevar su dinero a esos puntos significa fortalecer al enemigo que los persigue y mata.

Ver como a unos metros de las garitas fiscales en las zonas fronterizas, se venden lentes, películas, discos y toda clase de mercadería pirata en las narices de “la autoridad”. En esa misma autoridad enla que los ciudadanos depositamos el poder de velar por nuestros intereses y de hacer que de manera ordenada y con apego a las normas, se castigue a quienes delinquen.

Sé que las personas que se dedican a la venta en menudeo de artículos piratas, o mejor llamados artículos robados, son la pequeña punta de una madeja interminable de IMPUNIDAD y corrupción en la que sin lugar a dudas los peces gordos están muy lejos de esas calles, donde se instalan los puntos de venta.

La impunidad nos condena a vivir en un estado sin ley, es la iniciadora de una serie vicios y de ilícitos como la corrupción, el tráfico de personas, los homicidios dolosos a plena luz del día, la extorción, la invasión a la propiedad privada, la amenaza a tu patrimonio, entre muchas más.

Nos hemos olvidado de la función del estado vigilante y garante de las libertades, hemos dejado atrás la legislación preventiva por pasar a una ineficazmente punitiva.

Hemos ido convirtiendo nuestro sistema judicial descansándolo en una legislación con castigos cada vez más impactantes, y mantenemos la discusión si la solución a nuestros problemas de inseguridad, están en la pena de muerte, aunque esta sea imposible implementarla por los tratados internacionales que nuestro país ha firmado y ratificado, ¿para que queremos cadenas perpetuas y pena de muerte si no hay a quien aplicárselas, porque nunca se logra detener al culpable?

El reto está en construir una ley anti impunidad, tendremos todos que convertirnos en vigilantes de los que nos vigilan, para comenzar y hacer de esa forma de vida un hábito, hasta que logremos tener solidas raíces y un profundo respeto por el estado de derecho.

EDGAR Chávez Tarrío.

sábado, 21 de julio de 2012

La izquierda y el crompromiso democrático

Los grandes analistas políticos del país comprometidos con la democracia, diseminados en todos los medios de la prensa escrita, nos han brindado estupendas reflexiones sobre la etapa postelectoral que vive el país. No hay problema, ni circunstancia, ni pronunciamiento que no haya sido objeto de un minucioso análisis, y si bien es cierto esto no obliga a convertir el criterio de autoridad en el metro de la verdad, la realidad es que muchos puntos sobre las íes se han marcado para no dejar duda del carácter de las instituciones democráticas, el papel del Derecho y la asunción real del Estado de Derecho que es mucho más que una simple frase de ocasión, las limitaciones mismas de la democracia que luego se le quiere ver bajo un prisma paradigmático de perfección, la pluralidad, el reconocimiento de que la política de adversarios llamada a que ninguno puede asumir el propósito de devorar y aniquilar al otro y el aquilatamiento del capital que se va acumulando y que se tiene que emplear precisamente para seguir avanzando más allá de la simple pugna por la titularidad de un poder, del tamaño que sea. En fin, no hay punto, de los que están a debate y que han sido abordados abundantemente por la teoría, que haya quedado fuera de los textos, pongamos por caso, de José Woldenberg, Lorenzo Meyer, Jesús Silva-Herzog Márquez, Enrique Dussel, Federico Reyes Heroles, Carlos Elizondo Mayer-Serra, entre otros muchos.

No obstante esta diversidad, llamó mi atención un texto de José Woldenberg titulado “El futuro de la izquierda (Reforma, 19-VII-2012). El expresidente del IFE, distinguido académico y politólogo, recapitula el papel de las urnas como fuente superior de toda legitimidad y subraya la construcción histórica implicada en esa divisa. En paralelo, refiere otras fuentes de legitimidad no democráticas como la que estuvo en boga en México cuando nuestros gobernantes por más de setenta años se legitimaban ideológicamente por la Revolución mexicana que a mi juicio presentaban como perenne e inagotable. Woldenberg pasa de ahí a reconocer que en nuestro país, y prácticamente en todo el mundo, la izquierda no es única sino que se expresa en una diversidad de corrientes y movimientos, alentando en su visión aquellas que traban un compromiso con los mecanismos democráticos y jamás tienen su guardadito insurreccional o de otro tipo en el viejo armario de una izquierda que a través del asalto del poder pretendía refundar a partir de cero prácticamente toda la humanidad.

No cabe duda que estamos frente a un problema muy grande, grave por las consecuencias de las malas soluciones que la izquierda tome y que la pueden llevar a un fracaso histórico en esta etapa, que no tan sólo la perjudicaría, por decirlo de alguna manera, hacia su interior, sino que su zaga la sufriría el propio país y en un espectro más amplio el futuro de la región del mundo donde México está enclavado. Para Woldenberg es una historia que está abierta, que está en proceso, y hoy por hoy no hay pronóstico que permita conocer el futuro que sobrevendrá en esta materia. Comparto con el autor que el “fortalecimiento o no de las diferentes corrientes que subsisten en la izquierda dependerá no sólo el futuro de ella, sino de todo el país”.

No nada más esta visión se refiere a la izquierda partidaria, sino a aquella otra que siendo extrapartidaria no está obligada a asumir los cauces institucionales que devienen tanto de la Constitución como de sus leyes reglamentarias, y en particular las que norman administrativa y judicialmente el proceso electoral de principio a fin.

Hace muchos años, cuando se pensaba que había una vanguardia revolucionaria, por lo general equivalente a un grupo de profesionales políticos portadores de todas y cada una de las recetas, se le abría espacio, aunque sólo fuera para negarlo de inmediato, a la conciencia de quienes se proponía procesos de gran transformación social. Así, se llegaba a estimar que no nada más desde la vanguardia surgirían los impulsos del cambio sino que otros procesos sociales los acometerían sin las hormas propias de los partidos políticos. Una fórmula que se ensayó fue que los que estaban en la vanguardia beneficiaran sus propósitos al convertirse en la desembocadura de los movimientos extrapartidarios. Esto puede ser cierto o no, a donde quiero llegar es que participar en la izquierda, particularmente en la partidaria y en una democracia, por precaria que sea, entraña la deliberación colectiva para la toma de las decisiones y al tomar las decisiones tener conciencia de las metas que se buscan.

Existe una izquierda no partidaria que se reunió en Atenco y trazó una línea que en pocas palabras entraña una rebelión para impedir la elevación de Enrique Peña Nieto a la presidencia de la república. ¿Hasta dónde puede confluir esta lucha con la de los partidos políticos y sus líderes? Es obvio que hay un divorcio entre ambas visiones, pero también es obvio que se debe hacer una disección entra una y otra cosa porque quienes militamos en la izquierda en serio no queremos ser arrollados sin más por los que deciden por todos, arrogándose una moral superior tal y como lo hacían aquellos que se asumían como la vanguardia histórica del proletariado.

El momento actual lo es de riesgo, de fragilidad, de incertidumbre. Se parece en parte al que precedió a la caída de la república de Weimar. En particular el PRD tiene que convocar a sus activos, que no son pocos, compartir la visión de los problemas y tomar decisiones. Todos tenemos derecho a saber a qué baile vamos o a que bailes nos están obligando a ir. Es una decisión que definitivamente no tiene por qué estar en la exclusiva voluntad de un hombre como Andrés Manuel López Obrador, un formidable líder si se quiere, pero que no sustituye a una izquierda que se precie de ser democrática. Hasta ahora es lo que ha prevalecido: frente a la deliberación, la tosudez; frente al liderazgo colegiado, la decisión unilateral. Y lo mismo se ve en la visión de país que ha expuesto a lo largo de los últimos años que el empleo a placer de las siglas partidarias y en candidaturas sucedió lo mismo. Se es radical contra toda imposición, y qué bueno, sólo que también hay que reconocer que los que estamos en el Partido de la Revolución Democrática, a lo largo de los últimos procesos de designación de candidatos un mal día nos hemos enterado que alguien, por allá en alguna oficina del centro del país, los impone a toda la nación y hay que reconocerlo sin chistar. Como los candidatos postizos que tuvimos aquí en Chihuahua en el último proceso electoral. Hamlet diría “ser o no ser,” y algún ranchero mexicano recomendaría arreglar primero la casa.

El gran problema es, siempre moviéndonos en el contexto del proceso democático, cómo promover el viraje que el país requiere para erradicar las lacras que oscurecen las elecciones, sin la tentación de volver a sacar la violencia a la calle o aquella vieja visión que dice que lo que a este país le falta es romper todos los moldes sobre los que se ha hecho, confeccionar unos nuevos y sobre ellos vaciar un nuevo bronce fundacional, en el centro del cual se labre al nuevo salvador. Camino equivocado si lo hay.

Jaime GARCÍA CHÁVEZ.

jueves, 5 de julio de 2012

¿Y si se restaura el PRI?


La restauración, aparte de ser un término histórico-político que se acuñó luego de laderrota de Napoleón y el surgimiento de la Santa Alianza europea.

Reinstaló viejas monarquías depuestas por la revolución y viejas élites del poder, bajo la hegemonía continental de la casa de Austria, capitaneada por el legendario Metternich, al que luego revivió sin éxito el inefable Henry Kissinger. El intento no sesostuvo más de tres décadas y particularmente fueron inútiles sus esfuerzos por volver a un pasado que ya se había ido y que un capitalismo en ascenso hacía de las etapas del feudalismo, loslinajes dinásticos y otros aspectos de este pretérito algo imposible de reeditar a plenitud. El año de 1848 barrió parejo con todo esto. Pero, acuñado el término y pasado el tiempo, el empleodel concepto se utiliza con un sentido más amplio, tan laxo que cualquier regreso de personeros de un viejo poder se tilda de restauratorio.

Con motivo de la elección del próximo domingo 1 de julio el tema ha sido abordado bajo ese ropaje y, bulle en el ambiente eltema de que el PRI de los setenta años se va a reinstalar en Los Pinos, y esta sola idea hace que unos se froten las manosrecordando los grandes y corruptos negocios de Estado de todos tan conocidos, o bien que un calambre recorra la espina dorsal con un escalofrío por el recuerdo de la represión diazordacista, lalimitación de las libertades, las crisis económicas recurrentes, la frivolidad lopezportillista, el monopolio del poder que le cierra los pasos a cualquier participación ciudadana. En fin. Será un temasobre el que habrá tiempo para abordar y del que hoy sólo tenemos dos esbozos abrigados en el pronóstico: el gran desastre a evitar con el voto ciudadano mayoritario que anima a muchos –a mí entre ellos–, o en la realidad enfrentarnos con el hecho de que PeñaNieto regresa al PRI al Palacio Nacional tras doce años de ausencia.Está claro que en esta última variante hablar o no de restauración tendrá una miga inocultable.

En la historia de la teoría política hay un clásico indiscutible en esta materia:Alexis de Tocqueville, que en una gran obra –ensombrecida por larelevancia, muy merecida, que se le da a la Democracia en América–abordó el tema del antiguo régimen en Francia y cómo algo de él había regresado después de la derrota del corso Bonaparte. Es unaobra clásica que, cambiando lo que haya que cambiar, serviría para establecer paralelismos, similitudes y hasta qué grado la cultura política está tan fosilizada que pueden darse cambios esencialmente estructurales sin afectar para nada las formas en que se ejercita elpoder. Quiero decir que para reflexiones futuras Tocqueville aportarásu parte, lo hayamos o no leído a profundidad, más si nos hacemos cargo que en el caso mexicano el PRI ha sobrevivido, casi intacto, a sus percances, y de ello habla no tan sólo la casi veintena degobernadores actuales con ese origen y cómo el PAN hace igual que el PRI muchas de las cosas que el común de las gentes habría tenido por inconcebible no hace más de veinte años.

Si el PRI gana laelección presidencial existen las posibilidades de un regreso quenos haría caer al vacío, o también un reacomodo a circunstanciasextremadamente complejas que el PRI que llegó a fines del siglo pasado no tuvo enfrente a lo largo de varias décadas de nuestrosiglo XX. Está claro que el que gane se encontrará con un IFE quele cercenó al viejo Estado autoritario el monopolio de controlar las elecciones; tendrá enfrente, con todas sus limitaciones, al IFAI, laCNDH, aunque decadente, un sistema pluripartidista; un Banco de México que, a querer y no, dejó de ser el juguete del presidente yuna Suprema Corte de Justicia de la Nación que con altibajos ha ido avanzando en la apropiación del papel que le corresponde. También atan a México compromisos internacionales de la mayor importancia en el terreno de la globalidad y los derechos humanos –la autarquía,si alguna vez se soñó con ella, es imposible ahora– y, sin duda,tenemos una Constitución General de la República nueva que en medio de la pugnacidad no hemos alcanzado a distinguir pero que en materia de derechos humanos nos ha hecho contemporáneos del mundo avanzado.Pero, sobre todo, hay una nueva sociedad, como ya se advirtió con el campanazo del movimiento juvenil #Yosoy132. El que llegue, y más sies el PRI, no podrá desplegar la bandera de sus fueros. Con todo esto se insinúa que una restauración del viejo orden se antoja más que imposible. Pero no se alegre, en este país todo es posible, sin que eso signifique que me haya hecho pesimista.

Algunos dicen, no sé si sus palabras correspondan a la realidad, que cuando un paleontólogo encuentra en un desierto un solo diente de algún animal deljurásico, ya tiene en sus manos materia suficiente para reconstruir al animal completo, más ahora que la realidad virtual nos ha acercado a la tactilidad casi completa. Con esto no quiero decir queuna Sofía Loren virtual sea igual a una Sofía Loren de carne yhueso. El ejemplo del que parto quiere resaltar que de lo pequeño podemos derivar lo grande, o como dicen los rancheros, por la víspera, los días.

Al grano: en Chihuahua hubo un gobierno de alternancia, de 1992 a 1998, encabezado por Francisco Barrio, al que en mis críticas no tuvo tregua. El primertramo con un Congreso mayoritariamente panista y con rasgos deindependencia; un poder Judicial con rasgos de autonomía y al que pudieron acceder personas que jamás habrían llegado a posiciones relevantes en el viejo esquema autoritario. Se buscó hacerle mellaal corporativismo magisterial, se encaró un veto a un presupuesto general, la libertad de expresión tuvo felices momentos. En pocas palabras, a pesar de los enormes obstáculos se buscó dejar atrásun pasado que luego regresó: Barrio gobernó con un gobierno dividido los últimos tres años, le planteó al Congreso la necesidad de la negociación fecunda para resolver los problemas del estado (en su discurso de media gestión nos dijo a todos que hastaun reloj descompuesto tiene razón dos veces al día) y, a la postre,su partido perdió la elección en 1998 y asumió un gobierno de carro completo Patricio Martínez García, luego José Reyes Baeza y hoy César Duarte Jáquez. Aquellos seis años a lo sumo nospermitieron hablar de entidades federativas de alternancia, pero son seis años que ya se pierden hasta en la memoria de los panistas traidores o empoderados. Los dieciocho años que están corriendo,luego de 1998, nos dicen muy claramente –es el diente encontrado en el desierto por el paleontólogo– que las restauraciones sí son posibles, sí suceden y tenemos los casos extremos de PatricioMartínez y César Duarte que han gobernado a Chihuahua al más puro y viejo estilo detestable de un PRI autoritario, corrupto,patrimonialista, engreído y que aparte de infalible se concibe comoeterno. Para estos priístas el destino del país no está en ningunaparte; el destino son ellos mismos.

Desde el balcón chihuahuense dejo de lado la teoría de si la restauración viene osi la restauración va, de acuerdo a los conceptos teórico-políticos con que se inicia esta pieza; lo que tengo muy claro es que cuando reasumen el poder son los mismos fósiles, a ellos no los ha tocado ni la historia ni el cambio cultural. La acompasada transicióndemocrática mexicana, el que no se haya consolidado, el que perviva el atraso entre nosotros es lo que está calando más hondo en este dramático momento que vive el país al borde de la elecciónpresidencial.

Le escuché hace poco aun amigo señalar que la ciudadana o el ciudadano que vaya a la casilla el próximo domingo 1 de julio le hará switch esteproblema y reproduciendo en su cerebro con la velocidad de la luz las imágenes del pasado priísta y lo lleven a negar su voto a Peña Nieto.

En lo particular es obvio que jamás estaría en esa tesitura, pero menos, muchísimo menos, cuando escuché al hombre de Atlacomulco decir que el modelode gobierno del “nuevo PRI” se llama César Duarte Jáquez.Ignorancia o cinismo en el candidato presidencial da lo mismo. Es proponerle al país que México se pudra en el fermento de su peorpasado. Cuidado mexicanos.

Jaime GARCÍA CHÁVEZ

martes, 3 de julio de 2012

Un día después


Según las 14 casas encuestadoras más importante del país, incluida Covarrubias, la del propio López Obrador, es evidente que el próximo domingo primero de julio Enrique Peña Nieto será el nuevo Presidente de la República.

A estas alturas del proceso electoral ya no resulta viable pensar en un “Efecto Atocha” ejecutado por medio de filtraciones a la prensa. Lo bueno y lo malo ha sido debidamente expuesto ante la opinión pública, la que cuenta con elementos suficientes para decretar el nuevo destino de México.

Sin embargo, el electorado debe poner toda su atención en varios eventos realmente trascendentes y dignos de un detallado análisis: el primero lo constituye el hecho de conocer la integración del Congreso de la Unión con la esperanza de que los mexicanos no volvamos a padecer los perjuicios de otra parálisis legislativa, misma que implica parálisis económica y, en consecuencia, parálisis social.

La posibilidad de que el PRI se haga de nueva cuenta de un “carro completo” con mayoría relativa o tal vez absoluta, podría implicar riesgos para la autonomía de las instituciones de la República, si es que se llegara a aprovechar el poder otorgado por los ciudadanos para destruir lo construido precisamente por los ciudadanos.

Los medios de difusión tendrán que estar particularmente atentos para detectar cualquier desviación que pueda dañar al Banco de México, al IFE o al INEGI, etc.

En otro orden de ideas, la ciudadanía debe estar particularmente atenta a la hora de la designación del gabinete de Peña Nieto, en el que no se le debe dar cabida a los conocidos rufianes de puño blanco, bandidos profesionales que disfrutan alegremente la impunidad obsequiada por un panismo que en 12 años fue incapaz de encarcelar a destacados “peces gordos”, defraudadores del tesoro público.

Lo antes expuesto podría quedar sin efecto de llegar a comprobarse el depósito ilegal de decenas de millones de pesos en los monederos electrónicos del Banco Monex por parte del PRI.

Dichas tarjetas diseñadas para inducir el voto a favor del tricolor, adicionadas a otras 2 mil tarjetas de la misma naturaleza expedidas por tiendas de autoservicio, suman hasta ahora más de 70 millones de pesos, cifra que supera el límite de las aportaciones de 33 millones de pesos autorizadas por la ley para el financiamiento de los particulares.

De llegarse a probar estos delitos electorales, el triunfo de Peña Nieto podría ser anulado por el TRIFE, autoridad que no extendería o revocaría la constancia de Peña Nieto como presidente electo.

Solo que hay más: AMLO también está obligado a demostrar el origen de los 1,000 millones de pesos depositados en “Honestidad Valiente”, a los que se deben sumar más de 90 millones de pesos que la hoy senadora Yeidckol Polevnsky no ha podido ni querido probar su origen.

De llegarse a probar los delitos electorales cometidos presuntamente por los militantes del PRI, como los del Movimiento Ciudadano, tanto Peña Nieto como López Obrador podrían ser excluidos de la contienda electoral mediante la emisión de sentencias inatacables, decisiones judiciales que, de llegar a darse en el contexto de este cuento político, pondrían a Josefina Vázquez Mota como la primera inquilina de los Pinos en toda la dolorida historia de México. ¿Será…?

El futuro electoral de México comienza un día después…


Francisco Martín Moreno
www.franciscomartinmoreno.com

lunes, 2 de julio de 2012

Resultados del Proceso Electoral



Como algo digno de reconocer, fue la participación ciudadana en las elecciones del 1º de julio para renovar a nivel nacional a 2 de los poderes de la unión, los ciudadanos participaron en mayor medida de lo programado y de lo pensado por los operadores y analistas políticos.

La fiesta fue de los mexicanos y el resultado, debe de marcar un futuro cierto y de un enorme compromiso para el partido que gobernó por más de 70 años y que tras 12 de ausencia, hoy la mayoría de los mexicanos les regresan la confianza de gobernarlos y, pendientes estaremos de velar que Enrique Peña Nieto confirme que es un hombre de compromisos que habrá de cumplirlos como lo señaló en su campaña.

De acuerdo a los resultados con los que cuentan los partidos políticos, tras haber recibido de sus representantes en las casillas instaladas las copias de las actas en el conteo realizado ante la presencia de ellos, el Priista habrá ganado la elección por un amplio margen, lo que le brinda la oportunidad de gobernar con la mayor legitimación que ningún Presidente en México haya tenido, ni siquiera Vicente Fox quien ganó en el 2000 por una diferencia de un 6% al Priista Francisco Labastida.

La legitimidad es un concepto  tomado del mundo jurídico y legal en el cual significa que algo, una situación, una circunstancia o un fenómeno es correcto y apropiado de acuerdo a los parámetros que los diferentes sistemas de leyes y normas establecen para cada caso. Así, la legitimidad de un acto  de un proceso se hace presente cuando, para llevar tal acto o proceso, se siguen las normas preestablecidas.

El reto para el PRI es importante si verdaderamente tienen un proyecto de nación y pretenden gobernar nuevamente por más de 6 años, en el México actual ya no caben las viejas prácticas del sistema político del siglo pasado.

Una dato interesante resulta el caso de Coahuila, un estado donde mucho se ha hablado que sus habitantes están cansados del régimen priista, sin embargo en esta elección no se refleja ni ese cansancio ni se registra el voto de castigo, pues ahí solo se pierden dos distritos electorales de diputación y la senaduría, pero se ganan 4 diputaciones.

Termina para el PRI una etapa en la que los Gobernadores se sentían señores feudales de sus estados, ahora sus agendas nacionales e internacionales estarán supervisadas bajo las metas que tiene el próximo presidente de México, la designación de los futuros candidatos a gobernadores y de muchos otros candidatos, será revisada desde la residencia oficial de Los Pinos, y esto no significa un retroceso siempre y cuando el presidente de México tome en cuenta el grado de aceptación de un candidato entorno a los electores de esa circunscripción.

El pasado proceso deja gran enseñanza a los operadores y analistas políticos, pues los electores, quienes se comportaron de manera apática durante los 90 días de campañas, hicieron del domingo de elecciones un día de fiesta nacional, como debiera de ser, la participación supero al 63% de votantes, las casillas mantuvieron una fuerte afluencia de electores, solo resta esperar que las autoridades estén a la altura de quienes ejercieron su derecho y les otorgaron su confianza.

Al momento que termino de escribir este artículo se ha computado el 91.96% de las casillas y la distancia entre Peña Nieto y AMLO es de casi 3 millones de votos, en las próximas horas pudieran alcanzar los 7 puntos porcentuales de ventaja que el PRI dio a conocer desde anoche cuando recibieron las actas de sus representantes de casilla.

Enhorabuena por los mexicanos que ayer participaron en el inicio de la construcción de una ciudadanía consciente y participativa, viene lo bueno, hacer que el candidato ganador cumpla lo prometido y sentar las bases como sociedad del país que queremos y luchar por lograr lo que sentimos que merecemos.

EDGAR Chávez Tarrío.