lunes, 11 de junio de 2012

El segundo debate





El ejercicio democrático en México exige que los contendientes se reúnan y confronten sus ideas ante los espectadores y de esta manera podamos tomar los electores una determinación en favor de quien habrá de gobernarnos los próximos 6 años.

Sin embargo, los debates que se celebran en México son más bien monólogos entre los aspirantes que sirven para expresar sus buenos deseos y sus inmejorables intenciones de convencernos a los electores de que ellos representan la opción mas viable para gobernar, pero,  como se dice en nuestro país, “de lengua me como un plato” y solo queda en eso, en buenas intenciones y en mejores propósitos, sí, como esos que hacemos todos los seres humanos en año nuevo, y dicho sea de paso, estos debates sirven para exponer las más aberrantes situaciones personales o profesionales de los contrincantes.

Nada nuevo que observar, ni nada nuevo sobre que reflexionar, y que pudiera cambiar la intensión de voto de los ciudadanos, quienes actuamos más por hábitos que por conciencia.

Ninguno de los candidatos comenta de manera concreta, como harán para lograr que México sea ese “Disneylandia” en el que los mexicanos merecemos vivir, de donde saldrán los recursos para lograr abatir la pobreza, elevar la calidad de vida de los mexicanos, reivindicarse con los que viven en las zonas rurales o que se dedican al sector agropecuario, como conseguiremos crecer al ritmo del 7 % que desde hace 12 años, los candidatos decían que necesitábamos crecer para generar por lo menos el millón de  empleos anuales que demandamos los mexicanos, como se elevara el poder adquisitivo de las familias y no me queda duda de que recursos hay para poder hacer realidad muchos de estos buenos deseos, pero nos falta el ingrediente más importante, la honestidad.

Recordemos que estaremos eligiendo a un personaje, pero no se gobierna de manera unipersonal, sino, teniendo enfrente a la oposición, a los sindicatos, los sectores, con grupos enquistados hasta la medula de las instituciones de este país que en muchas ocasiones son ellos mismos los que frenan el progreso de éste, pues de no ser así, se compromete el poder que ellos ostentan, pero, ¿son estos grupos los que permitirán alcanzar los objetivos propuestos por los candidatos en este segundo debate? Creo que no.

Los candidatos hablan de abatir la corrupción que es uno de los grandes flagelos de nuestra nación, pero hasta ahorita, ninguno habla de eliminar la impunidad, por lo menos de combatirla, y ahí radica en gran medida el más grave problema de nuestro país, pues la justica en México no es igual para todos, la justicia en México sigue siendo un billete de lotería, no un acto jurídico que genere certeza.

Si en México nuestras autoridades se decidieran a proteger las leyes y por ende los derechos ciudadanos, alguno de los que hoy pretende gobernarnos, no podría haber estado frente a las cámaras ni estar gastando nuestros recursos  en su campaña, pues el haber violentado una ejecutoria de la Suprema Corte de la Nación, lo convierte en un transgresor de la ley y esos desacatos se pagan con cárcel o con la inhabilitación para ocupar cargos públicos, por injusta que pareciera esa decisión de la corte, era un derecho que le asistía a un particular y éste le fue violentado por una autoridad, ¿verdad Andrés Manuel?
  
Ya lo dijo Julián LeBaron activista del norte del país en su discurso pronunciado en la Cumbre Ciudadana, “...Elecciones y partidos son muy pequeños comparados con la grandeza majestuosa de nuestro México y de nuestro destino. La presidencia de la República es solamente el puesto que ocupa nuestro empleado”.

Este ejercicio democrático del debate en forma de monologo, tendrá que perfeccionarse hasta lograr que sea un ejercicio que nos permita a los ciudadanos conocer de manera real las ofertas de gobierno y sus líneas estratégicas para logarlo, la capacidad de los contendientes para rebatir ideas y defender sus propuestas, necesitamos conocer el cómo, no solo el qué, necesitamos gente con talento, con iniciativa, con imaginación y con habilidades para lograr implementar los cambios que nuestro país exige, y que los mexicanos merecemos.

Y a los partidos políticos, les urgen personajes honestos, limpios y con una trayectoria pública impecable, el segundo debate lo ganó la oferta que deslumbra, los buenos deseos que se anhelan, el lucro con la necesidad de más de 60 millones de pobres, el maquillaje de Josefina, el desesperante discurso pausado de Andrés Manuel, el impecable peinado y traje de Enrique y la osada oferta del que nada tiene que perder (ni que  ganar), Quadri.

Este debate lo perdió el elector que indeciso, buscaba que le dijeran cual es la ruta critica que hay que seguir para que  todos los jóvenes puedan estudiar, como lograremos que el salario recupere su poder adquisitivo, quien pondrá orden en este país, lo perdió el que deseoso de justicia, solo encuentra demagogia y palabras esquivas que resuelven todo políticamente, pero que no generan certeza jurídica ni estabilidad social.

Edgar Chávez Tarrío.

1 comentario:

Luis Millán dijo...

Excelente nota. Un abrazo.