El
ejercicio democrático en México exige que los contendientes se reúnan y
confronten sus ideas ante los espectadores y de esta manera podamos tomar los
electores una determinación en favor de quien habrá de gobernarnos los próximos
6 años.
Sin
embargo, los debates que se celebran en México son más bien monólogos entre los
aspirantes que sirven para expresar sus buenos deseos y sus inmejorables
intenciones de convencernos a los electores de que ellos representan la opción
mas viable para gobernar, pero, como se
dice en nuestro país, “de lengua me como un plato” y solo queda en eso, en
buenas intenciones y en mejores propósitos, sí, como esos que hacemos todos los
seres humanos en año nuevo, y dicho sea de paso, estos debates sirven para exponer
las más aberrantes situaciones personales o profesionales de los contrincantes.
Nada
nuevo que observar, ni nada nuevo sobre que reflexionar, y que pudiera cambiar
la intensión de voto de los ciudadanos, quienes actuamos más por hábitos que
por conciencia.
Ninguno
de los candidatos comenta de manera concreta, como harán para lograr que México
sea ese “Disneylandia” en el que los mexicanos merecemos vivir, de donde saldrán
los recursos para lograr abatir la pobreza, elevar la calidad de vida de los
mexicanos, reivindicarse con los que viven en las zonas rurales o que se
dedican al sector agropecuario, como conseguiremos crecer al ritmo del 7 % que
desde hace 12 años, los candidatos decían que necesitábamos crecer para generar
por lo menos el millón de empleos
anuales que demandamos los mexicanos, como se elevara el poder adquisitivo de
las familias y no me queda duda de que recursos hay para poder hacer realidad
muchos de estos buenos deseos, pero nos falta el ingrediente más importante, la
honestidad.
Recordemos
que estaremos eligiendo a un personaje, pero no se gobierna de manera
unipersonal, sino, teniendo enfrente a la oposición, a los sindicatos, los
sectores, con grupos enquistados hasta la medula de las instituciones de este país
que en muchas ocasiones son ellos mismos los que frenan el progreso de éste,
pues de no ser así, se compromete el poder que ellos ostentan, pero, ¿son estos
grupos los que permitirán alcanzar los objetivos propuestos por los candidatos
en este segundo debate? Creo que no.
Los
candidatos hablan de abatir la corrupción que es uno de los grandes flagelos de
nuestra nación, pero hasta ahorita, ninguno habla de eliminar la impunidad, por
lo menos de combatirla, y ahí radica en gran medida el más grave problema de
nuestro país, pues la justica en México no es igual para todos, la justicia en México
sigue siendo un billete de lotería, no un acto jurídico que genere certeza.
Si
en México nuestras autoridades se decidieran a proteger las leyes y por ende
los derechos ciudadanos, alguno de los que hoy pretende gobernarnos, no podría
haber estado frente a las cámaras ni estar gastando nuestros recursos en su campaña, pues el haber violentado una
ejecutoria de la Suprema Corte de la Nación, lo convierte en un transgresor de
la ley y esos desacatos se pagan con cárcel o con la inhabilitación para ocupar
cargos públicos, por injusta que pareciera esa decisión de la corte, era un
derecho que le asistía a un particular y éste le fue violentado por una
autoridad, ¿verdad Andrés Manuel?
Ya
lo dijo Julián LeBaron activista del norte del país en su discurso pronunciado
en la Cumbre Ciudadana, “...Elecciones y partidos
son muy pequeños comparados con la grandeza majestuosa de nuestro México y de
nuestro destino. La presidencia de la República es solamente el puesto que
ocupa nuestro empleado”.
Este ejercicio democrático del debate en forma de monologo, tendrá
que perfeccionarse hasta lograr que sea un ejercicio que nos permita a los
ciudadanos conocer de manera real las ofertas de gobierno y sus líneas estratégicas
para logarlo, la capacidad de los contendientes para rebatir ideas y defender
sus propuestas, necesitamos conocer el cómo, no solo el qué, necesitamos gente
con talento, con iniciativa, con imaginación y con habilidades para lograr
implementar los cambios que nuestro país exige, y que los mexicanos merecemos.
Y a los partidos políticos, les urgen personajes honestos, limpios
y con una trayectoria pública impecable, el segundo debate lo ganó la oferta
que deslumbra, los buenos deseos que se anhelan, el lucro con la necesidad de más
de 60 millones de pobres, el maquillaje de Josefina, el desesperante discurso
pausado de Andrés Manuel, el impecable peinado y traje de Enrique y la osada
oferta del que nada tiene que perder (ni que
ganar), Quadri.
Este debate lo perdió el elector que indeciso, buscaba que le
dijeran cual es la ruta critica que hay que seguir para que todos los jóvenes puedan estudiar, como
lograremos que el salario recupere su poder adquisitivo, quien pondrá orden en
este país, lo perdió el que deseoso de justicia, solo encuentra demagogia y
palabras esquivas que resuelven todo políticamente, pero que no generan certeza
jurídica ni estabilidad social.
Edgar Chávez Tarrío.

1 comentario:
Excelente nota. Un abrazo.
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