Se ha festinado que Peña Nieto elogió a César Duarte como prototipo del “nuevo PRI”; aquí cada vez más son los que lo huelen con sendos tufillos: uno de formol y el otro de cadaverina.
Pero de todas maneras alguna causa ha de haber para que Peña Nieto -candidato en caída y atrapado por la insurgencia juvenil antipriísta- se exprese así de su correligionario en Chihuahua. Sin querer queriendo, encontré la mejor respuesta en la columna del digital Entre líneas que tiene magníficos nexos en los mentideros del palacio de gobierno. Juzgue usted a partir de lo que ha publicado el día de hoy, cito:
“Quien no quiere ganar la elección es el gobernador del estado, César Duarte; lo que quiere realmente es arrasarla. Y es que resulta que el mandatario le puso cifra a los votos que espera de los distritos 06 y 08 y asciende a nada menos que 80 mil, aun y cuando en elecciones anteriores la cantidad de votos ha sido menor. Así que el góber Duarte les dijo a sus evaluados este fin de semana que él tiene que entregar buenas cuentas, sobre todo porque Chihuahua se posiciona como el segundo estado que mayor preferencia de voto tiene sobre Enrique Peña Nieto. Vaya, dicen que el ballezano hasta dijo en tono de broma que le encantaría ser el primero, pero que le falta población, y es que el primer lugar lo tiene el Estado de México. Hasta el mandatario se auto impone que al (futuro) jefe no se le rebasa ni en la carretera...”.
El elogio tiene una razón obvia: en Chihahua el PRI se llama gobierno del estado, alta, baja y mediana burocracia, Congreso del Estado, Poder Judicial, municipios y hasta órganos autónomos y, para aceitar bien la maquinaria, el presupuesto general de egresos de la propia entidad. El PRI no es un partido, es un aparato gubernamental que arrasa en toda elección en la que se interpone como un brazo del Estado. La promesa de arrasar en favor del PRI, concita por razones obvias el elogio de Peña Nieto y, si ese es su compromiso con el futuro de México, lo que nos espera es una variedad de totalitarismo de derecha, quizá no con la dureza del que hubo en la Alemania oriental, pero con similares controles. Es mi compromiso y tú sabes que voy a cumplirlo, diría el hombre del tupé.
Lo único que agregamos es una solicitud: quien encuentre a Leonel De la Rosa, por favor que lo regrese, la escenografía de palacio lo reclama.
Jaime GARCÍA CHÁVEZ.

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