Pensar de manera diversa y respetar esas expresiones, son los ingredientes indispensables para construir una sociedad moderna incluyente y democrática. Sin embargo, los actuales movimientos sociales como el # YO SOY 132, se ha convirtiendo en un movimiento destinado a morir sin conseguir gran cambio en la vida pública del país, pues la intolerancia y la imposición ideológica son tan tiránicas y tan absurdas como con lo que ellos dicen estar en contra.
No se puede construir un futuro promisorio de igualdad sobre la base de la excepción, y lo que olvidan estos jóvenes del #Yo Soy 132, es que, al segregar a otros jóvenes, como los que apoyan al candidato Enrique Peña Nieto, condenan a su movimiento a ser solo una fracción, parcial y excluyente.
No se puede construir una sociedad de vanguardia, teniendo como premisa la imposición de ideologías, de voluntades y actuar por berrinches, de ninguna manera se puede argumentar que “el fin justifica los medios”, eso es un pensamiento fascista, dictatorial, tan arcaico y lamentable como lo que según estos jóvenes denuncian del PRI.
El movimiento # 132 que nació en franco apoyo a la candidatura de Andrés Manuel López Obrador y que arrastro a un numeroso grupo de jóvenes que se los llevo la corriente y que fueron más el efecto de una ola mediática y de moda, que de una causa legítima, está llegando a su fin, pues carece de elemental congruencia, así lo muestra la última asamblea de sus “lideres” llevada a cabo a puerta cerrada, - violentando el principal postulado de este movimiento que era la publicidad de los actos- para definir los objetivos del mismo. ¿?
Ante esta situación y con el virtual desinfle del disfrazado movimiento estudiantil, López Obrador puede ir viendo perdidos los 3 puntos porcentuales que había ganado y que le ayudaron a rebasar en las encuestas a la abanderada o la abandonada del PAN, Josefina Vázquez Mota.
El nuevo discurso López Obradorista, pone en riesgo el resultado de las elecciones, comienza a hacer un llamado a no confiar en el arbitro del proceso que es el IFE, un organismo que ha dejado de ser ciudadano, y eso se lo debemos también en cierto porcentaje a los representantes de los partidos que hoy postulan a Andrés Manuel.
Andrés Manuel dice que con su gobierno va a haber bienestar, los precios de la canasta básica bajaran, que tendremos gasolinas baratas, un montón de promesas bonitas, “cute” dirían las niñas de la Ibero, pero no nos dice como, y ahí radica el secreto.
AMLO propone un proyecto de país como el que teníamos en la década de los 40´s con el PRI, un gobierno dedicado a formar clientelas políticas más que ciudadanía, así lo demostró en el D.F. donde ni la pobreza ni la desigualdad se erradicaron cuando fue Jefe de Gobierno, pues las dadivas y los programas asistenciales no son reflejo de mejores niveles de vida, sino de la incapacidad de un gobierno para crear programas autosustentables y políticas públicas que dignifiquen la vida de los ciudadanos a través de su trabajo, de sus esquemas de seguridad social y de sus planes de retiro.
El proyecto de la República Amorosa, no es más que una cortina de humo que cubre a la república tirana, excluyente, intolerante y retrograda en la que Andrés Manuel pretende gobernar.
EDGAR Chávez Tarrío.

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