En su discurso de aceptación de la medalla “Belisario Domínguez”, que el Senado de la República le entregara este jueves 27 de octubre, Cuauhtémoc Cárdenas, con apenas 1 mil 725 palabras, le dio un repaso al Presidente Felipe Calderón, una lección de política, liderazgo y visión de Estado.
Podemos decir que es una de las voces del espíritu mexicano, ese que ha transitado desde la Independencia, la Reforma Juarista y la Revolución Mexicana, hasta el Partido Revolucionario Institucional, el de la democracia y la justicia social, que durante el siglo XX estableció las ideas, los valores, los ideales y las instituciones que son el Alma de México, vigentes para el actual siglo XXI.
Tras agradecer la nominación, Cárdenas dijo recibir la medalla, que es la más alta distinción que entrega el Senado de la República, “en nombre de todos aquéllos que en lo que tengo de vida han luchado y luchan en México por el rescate y pleno ejercicio de la soberanía nacional, por la igualdad, la democracia y la justicia...”Recibir la medalla de honor "Belisario Domínguez", dijo Cárdenas, “entraña aceptar el compromiso de tomar ejemplo de la digna conducta y la lucha valiente que libró el insigne legislador chiapaneco en favor de la vigencia plena del Estado de derecho, anteponiendo la fidelidad a los principios y el cumplimiento del deber a cualquiera otra consideración”.
Cárdenas agregó que en la transformación democrática de nuestro país ha sido uno más, en un esfuerzo colectivo que ha estado llevando a cabo la parte mayoritaria del pueblo mexicano, sobre la que recae todo mérito.
Dirigiéndose a los representantes de la plana mayor de la política nacional, donde destacó la presencia de un cabizbajo Presidente Calderón, el homenajeado se refirió a la historia reciente del país, al deterioro de las condiciones de vida, a la exclusión social, al desorden prolongado de la economía, a la conducción política entreguista, entre otros problemas.
Aquellos problemas “llevaron a diversos sectores de mexicanos a reclamar un cambio de rumbo para el país. Así se generó una vigorosa movilización popular, de gran amplitud política y social...
Enseguida reconoció la importancia de la autoridad electoral autónoma, que en 1997 los ciudadanos lograran finalmente imponer respeto a su voto, y así se abriera el paso para que se perdiera la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados... Igualmente se refirió a la apertura de los medios de información a la oposición política; la elección del jefe de Gobierno del Distrito Federal; y al año 2000, como el final del régimen de partido de Estado dominante, una realidad de vida democrática y la posibilidad de alternancia en el ejercicio del poder.
Luego cuestionó la democracia, que no consiste sólo en respetar el voto ciudadano y los resultados de las elecciones constitucionales, porque es de alcances mucho mayores y más amplios.
Enfatizó que sólo en la democracia, entendida en su sentido más amplio, puede tener lugar un crecimiento económico independiente y sostenido en el largo plazo, sustentable social y ambientalmente, y generarse al mismo tiempo un progresivo mejoramiento social, ya que sólo en la democracia pueden realmente compartirse con equidad los beneficios del progreso. Insistió que la democracia también es participación...
Es preciso reconocer, diagnosticó Cárdenas, que la sociedad mexicana es actualmente una de las más desiguales del mundo; que en los tiempos recientes la pobreza se ha incrementado desmedidamente; que el crecimiento económico es insuficiente, sectorial y regionalmente desequilibrado; que hoy se tiene el desempleo más elevado de los últimos años.
Dijo que a pesar de esfuerzos que merecen reconocimiento, la inseguridad aumenta, se registran en el último lustro más de 50 mil muertos en condiciones violentas y la delincuencia organizada ha establecido presencia en territorios cada vez más extensos, extorsionando a productores, poniendo en riesgo la actividad económica y alterando gravemente la convivencia social.
“Este no es el México que la mayoría de los mexicanos queremos y este no es ni puede ser el destino fatal de nuestra patria”, sentenció Cárdenas.
“México y los mexicanos, no sólo aspiramos, sino que considerando nuestras dimensiones territorial y demográfica, el potencial de nuestros recursos naturales y las estructuras productivas y de servicios existentes, estamos ciertos de poder tener otras condiciones de vida y otras perspectivas para el desarrollo.
Pero para ello, es indispensable que desde el Estado se instrumenten políticas con el claro propósito de recuperar un desarrollo de amplias repercusiones sociales”, agregó.
Cárdenas insistió que la situación prevaleciente resulta insoportable e inadmisible, ya que genera tensiones y eleva los riesgos de mayor descomposición y atraso.
La economía mexicana puede crecer, dijo, a los ritmos necesarios para satisfacer las necesidades de la población de empleo, ingreso, alimentación, servicios públicos, etc., pero no crecerá si se continúa con la observancia rigurosa de los consensos de Washington. Arengó también que es posible dar el viraje hacia una nueva política de crecimiento, que empiece por sustentarse en una reforma fiscal integral, en este caso articuladora de otras reformas, como la laboral y la de la seguridad social.
Luego aseguró que las formas de combate a la delincuencia se han mostrado insuficientes. En varias partes de su discurso, planteó la visión de estadista, destacando, por ejemplo, que en la democracia, la seguridad y la justicia son asuntos de la autoridad civil.
De acuerdo con ello, recomendó que el combate contra la criminalidad organizada debe librarse por un cuerpo específicamente creado y preparado para ello, al que debiera evaluarse y supervisarse por medio de mecanismos externos de carácter civil.
Las Fuerzas Armadas, por lo tanto, no deben seguir expuestas a riesgos derivados de una función que no les corresponde, y fortalecerlas como el cuerpo que resguarda y garantiza la integridad de la nación.
Habló de las necesidades del combate eficaz contra la delincuencia, desde el Poder Judicial en su condición de ente autónomo mediante acciones concretas.
Pero especialmente se pronunció por las oportunidades de educación, empleo, acceso a la cultura y esparcimiento sano a la juventud, las políticas preventivas, y el seguimiento a las corrientes del dinero sucio, entre otras medidas.
Se refirió luego a los tiempos y las plataformas electorales, así como a los procesos para la selección de los candidatos que habrán de contender en la próxima elección presidencial. Pidió que “...con la franqueza que debe haber en la vida democrática, nos digan, si alguien así lo pensara, que es destino ineludible seguir en el tobogán por el que ha estado resbalando el país en los últimos tres decenios”. Así lo dijo poco antes de cerrar su disertación con un reconocimiento a la congruencia de Belisario Domínguez.
En fin, fue un discurso, de michoacano a michoacano. Del Hijo del General Lázaro Cárdenas, al hijo desobediente de Luis Calderón Vega...
Con ello, Cárdenas le ha dado una lección, un ejemplo, a Felipe Calderón, quien no sólo le ha partido el corazón a su padre, sino a los 50 mil muertos de su guerra pírrica, a más de un cuarto de millón de desplazados y más de 10 mil desaparecidos, a todas esas víctimas y sus familias y, en general, al pueblo mexicano.
En 19 minutos se escuchó una visión política, estadista, muy superior a la de quien hoy despacha en Los Pinos... ese lugar donde nació Cuauhtémoc Cárdenas.
El hijo de uno de los más queridos presidentes de México, el tres veces aspirante a la Presidencia de la República, y hoy medalla “Belisario Domínguez”, como uno de los personajes más importantes de la transición y la alternancia democráticas, le ha dado una cátedra de estadista al todavía presidente, desde la alta tribuna del Senado de la República.
Hemos escuchado el espíritu de la Revolución Mexicana, en voz del hijo de un fundador del Partido Nacional Revolucionario, el creador del Partido de la Revolución Mexicana y miembro del Partido Revolucionario Institucional, en la ruta de nuestra grandeza histórica. ¡Viva México! ¡Hasta siempre!

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