Octavio Paz escribió en 1969 “Olimpiada y Tlatelolco”, un apartado de Posdata, secuencia de El Laberinto de la Soledad, que cuando México hizo la solicitud fue aceptado que su capital fuera la sede de los Juegos Olímpicos, como un reconocimiento internacional.
Así, las Olimpiadas de 1968 en México fueron organizadas para subrayar el carácter pacífico, más que competitivo, de nuestro país. Sin embargo, dice Paz, dentro del contexto de rebelión juvenil y la represión que la siguió, aparecieron como gestos espectaculares con los que se quería ocultar la realidad de un país conmovido y aterrado por la violencia gubernamental.
Hoy, 43 años después, pero en el contexto de una guerra inútil, mucho peor que en el '68, la Presidencia de la República y el Gobierno panista de Jalisco trataron de “ocultar la realidad de un país conmovido y aterrado por la violencia gubernamental”, con los Juegos Panamericanos Guadalajara 2011.
Con luces, galas, apariencias, y medallas el presidente y el “Góber piadoso”, buscan hacernos creer ficticiamente en un país ganador... cuando en realidad lo han convertido en un país en supervivencia, en sobrevivencia, en zozobra...
Esos afanes de la Presidencia y el Gobierno de Jalisco, mucho se parecen a una rara condición ambiental. En noches tranquilas, cuando el aire apenas se mueve, en zonas de pantano o ciénaga, justo después de la puesta del sol, aparece el maravilloso espectáculo de los fuegos fatuos: Una tenue luz parece brotar de las aguas y formar imágenes increíbles, capaces de estimular la imaginación hasta extremos insospechados.
Normalmente los fuegos fatuos se relacionan con esoterismo, fantasmas, y magia, dada la excitante pero escalofriante experiencia de su contemplación. También por el sinfín de nombres tenebrosos que se le han asignado a este fenómeno luminoso. “Candelillas”, “luces malas”, “víbora de fuego” (la cobra-do-fogo brasileña). El nombre común en todo Brasil es toitatá y equivale a la ronde des lutins francesa, la “luz loca alemana” o “farol de los Andes”. Son apelativos macabros que remiten a seres de otros mundos.
En realidad, esas luces mortecinas de color borroso azulado, rojizo, verdoso o amarillento que flotan en el aire, tienen una explicación química: los gases pantanosos combustibles, sobre todo el metano, son inflamados por el fosfuro de hidrógeno, producido por la descomposición de la materia orgánica.
Los fuegos fatuos, sencillamente, son producidos por la descomposición. Nada hay de mágico en ello, pero no por eso pierden su encanto. Los fuegos fatuos han dado lugar a maravillosas y delirantes leyendas, donde los desechos en descomposición se convierten en verdadera poesía y en ejercicios de narrativa.
Los fuegos fatuos han sido descritos como el espíritu de niños que han nacido muertos, que revolotean entre el cielo y el infierno, “almas en pena”, diablillos o duendes, que atraen a sus víctimas hacia el peligro de los pantanos. Los fuegos fatuos son lo mismo una luz engañosa como un proyecto utópico o inalcanzable.
No pretendo desestimar el esfuerzo de los muchachos que lograron medallas en los recientes Juegos Panamericanos Guadalajara 2011. Tampoco pretendo negar la magnífica oportunidad de presentar a nuestros deportistas y nuestro país al mundo. Mucho menos quiero empecinarme en desconocer la belleza de las luces, los fuegos artificiales de la inauguración y la clausura de los Panamericanos.
Lo que no me parece es que el Presidente de la República, Felipe Calderón y el “Góber piadoso”, de Jalisco, Emilio González, frustrado aspirante presidencial panista, hayan echado las campanas al vuelo y querido ver en Guadalajara el “México, ganador”, que ellos dicen que somos.
El “Góber piadoso” dijo primero que sería presidente por organizar los Juegos, luego dijo que renunciaba a la candidatura, para organizar los Juegos. Tampoco me parece real que, tras la experiencia panamericana, ahora “vayan” por los Juegos Olímpicos.
No acepto, pues, las cuentas felices de Calderón y de Márquez. En contrario a lo que sostienen estos gobernantes panistas, algunos especialistas y analistas de los deportes señalan que al término de los Juegos Panamericanos Guadalajara 2011, México superó sus expectativas, al conseguir 42 preseas áureas y 133 en total, sin embargo, un tercio de estas medallas se obtuvieron en deportes que no están en el programa olímpico.
También señalan que para sopesar el sitio real del deporte de México en el Continente Americano, habría que hacer una comparación con naciones latinoamericanas que fueran más o menos equiparables en nivel competitivo al mexicano, como Brasil, Cuba y Argentina.
Como país anfitrión consiguió 42 medallas de oro, pero hay que resaltar que 15 de estas preseas, es decir, 35.71 por ciento, fueron logradas en deportes que no están dentro del programa olímpico. Cinco oros se lograron en frontón, cinco más en el racquetbol, cuatro en squash y una en karate.
No se puede negar que México aprovechó su condición de país anfitrión, pero habrá que esperar cuatro años, a Toronto 2015, para de veras calibrar el verdadero sitio del deporte mexicano, ya que deberán competir allá. Y no habrá que esperar tanto, sino ver cuál es la cantidad de medallas que se obtendrán en los Juegos Olímpicos Londres 2012, donde se espera superar el máximo de nueve preseas totales, tres oros, tres platas y tres bronces.
Para cerrar con broche de oro este capítulo de Juegos y Fuegos fatuos, trascendió que en la Villa Panamericana, el sistema de plantas de tratamiento falló y, al ser insuficiente el desfogue de las aguas negras, se abrieron canales a cielo abierto a un costado del complejo, que terminaron en lagunas causantes de severos daños a los mantos freáticos en el Bosque de la Primavera, la reserva natural protegida y el principal pulmón de Guadalajara.
La titular de Inspección a Reglamentos en el municipio de Zapopan, Patricia Godínez Luna, reconoció que durante la justa deportiva no se informó sobre lo sucedido para no dañar la imagen de México, pero que ahora deberán resarcirse los daños ecológicos causados.
Entonces, las aguas residuales que se generaron en la Villa Panamericana durante la realización de los Juegos Panamericanos se descargaron a cielo abierto en terrenos del mismo complejo deportivo. Tres plantas de tratamiento que había en el complejo se colapsaron durante la justa deportiva y los administradores construyeron siete “lagunas” para “almacenar” las aguas negras. ¿Querrían más fuegos fatuos?
Ante los daños causados por el derrame de aguas negras de la Villa Panamericana al Bosque de la Primavera, el Congreso local aprobó presentar denuncia penal contra los funcionarios que resulten responsables por el delito de “daño ambiental”.
Es así como los juegos fatuos son equiparables a los fuegos fatuos: uno mismo, en este caso por inducción de las autoridades federales y jaliscienses, embellece y magnifica un hecho que en su origen es bastante repugnante. La naturaleza convierte la basura en preciosas ondas de luces de colores, para que alguien ponga letra a esa preciosa melodía. ¡Hasta la basura puede ser bella!
Para Octavio Paz el movimiento estudiantil y la Olimpiada en México fueron hechos complementarios en tanto signos del relativo desarrollo del país en 1968. Hoy, como entonces, lo discordante, anómalo e imprevisible fue el gobierno mexicano, el más feroz y neurótico del mundo, con una reacción exagerada o excesiva por miedo, cólera, inseguridad e incapacidad de cambio, debilidad mental y moral, que lleva a la violencia física, a la guerra y la muerte cotidianas.
En 2011, ni los Panamericanos, ni las medallas, ni la promesa de “ir por las Olimpiadas”, borran el charquero de sangre provocado por la guerra del Presidente Calderón en este lustro, que hasta los suyos se está comiendo, como sucedió recientemente con el alcalde de La Piedad, Michoacán.
Las aguas negras regadas a cielo abierto en la Villa Panamericana, en Guadalajara, son un símbolo de cómo desde la política se celebran los juegos como fuegos fatuos: por las medallas, por la organización y por la promesa de otras Olimpiadas que, como en el 68, pretendan tapar la sangre y el crimen de un gobierno mexicano feroz y neurótico, reaccionario en exageración y exceso, miedoso, colérico, inseguro, incapaz de cambiar, por debilidad mental y moral, que llevan a la violencia y la muerte cotidianas. Palabras de Octavio Paz.
Los fuegos fatuos, sencillamente, son producidos por la descomposición de la naturaleza. Los juegos fatuos, como los de Calderón y González, lo estamos viendo, son resultado de la descomposición política. ¡Hasta siempre!
Por: Francisco Rodríguez Pérez

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