Como ya en otras
ocasiones he comentado con ustedes que hacen el amable favor de compartir
conmigo la lectura de estas reflexiones, la historia de México se compone de
muchas verdades, de mentiras a medias y de situaciones que simplemente no
sucedieron, pero que necesitaban ser contadas de la manera en como las
conocemos, porque así sonaban más bonito y nos transmiten un sentimiento
nacionalista y de pertenencia a un territorio unificado bajo el nombre de
México, pero que en la realidad continua siendo regionalista y si lo vemos
desde el punto de vista antropológico, los mexicanos somos invasores en la
tierra de los Náhuatl, Otomíes, Mayas, Tepehuanes, Tzotziles, Tarahumaras, y
todas aquellas naciones indígenas que habitaban estos territorios antes que
todos nosotros.
Lo anterior a
colación de la película Cristiada, que habla sobre el conflicto suscitado en
los años 20’s del siglo pasado entre la Iglesia y el Estado Mexicano que dejo
alrededor de 250 mil muertos, entre población civil, milicianos cristeros y
efectivos militares.
No hare una critica a
esta cinta, por la sencilla razón de que no soy critico de cine, lo que me
propongo a comentar con ustedes, es mi punto de vista de lo ocurrido en ese
conflicto armado y en el resultado de esa lucha por el poder, que dejo en
medio y enlutados a creyentes y miles de
familias mexicanas.
Ni Plutarco Elias
Calles era tan testarudo y tan arbitrario como lo pinta la película, ni los
obispos católicos tan sumisos e indefensos como ahí se muestran; pero faltaría
ir años atrás en la historia de nuestro país, allá por los años 30’s del siglo
19 y estudiar todos los esfuerzos que la dirigencia de la Institución Católica
realizo para desestabilizar la vida política y publica del naciente México.
México en 200 años de
vida independiente, le debe a la iglesia
Católica más de 50 años de desequilibrio político, la ignorancia y pobreza de
millones de mexicanos. Los integrantes de la cúpula de esta institución,
manipularon, sometieron, e indujeron en miles de feligreses, miedo, rabia y
sobre todo, el deseo de formar milicias que lucharan bajo el argumento de
defender su fe, cuando verdaderamente los siniestros planes de su jerarquía,
era mantener sus privilegios y canonjías que la corona española les había
heredado.
Se le olvida a los líderes
de la iglesia que el propio Cristo, que se supone es a quien tratan de imitar,
les enseña en Mateo 22 del versículo 17 al 21, que su misión en esta vida es
velar por la salvación de los feligreses, no por los intereses políticos de su
institución, al citar en el evangelio, “Da al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo
que es de Dios.”
Tan lamentable ha
sido la actuación de esta institución, como lamentable son los regímenes
autoritarios que limitan las libertades ciudadanas por la fuerza.
Este tipo de
historias llevadas a la pantalla deben servir para despertar en los ciudadanos
la necesidad de hurgar en la historia y conocer las dos caras de la moneda, y hacer
que ciudadanos y autoridades aprendamos a vivir en armonía.
Pero sobretodo que
las autoridades no pierdan de vista que su papel es velar por los intereses de
los gobernados, no el implantar sus
voluntades.
EDGAR Chávez Tarrío.

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