El
Ejército entró al combate porque no había ninguna corporación policiaca
confiable en el país que no estuviera permeada por la delincuencia. Ahora después
de la detención de 3 generales (uno de ellos sub secretario de la defensa
nacional); y un teniente coronel sabemos que el ejercito corrió con la misma
suerte, lamentablemente.
Con
5 años de combates constantes y de no ver en el horizonte cercano como pudiera
terminar esto ni saber quien va ganando esta guerra, lo que si nos queda claro
es quien la va perdiendo, y los perdedores somos en primer termino, la sociedad
y en segundo plano, todas las instituciones del Estado Mexicano.
No
hay semana en la que no salga a la luz, el involucramiento de los cuerpos de
seguridad y de altas esferas políticas, con las bandas criminales.
La
pregunta que cabe hacer es, ¿valía la pena mover tanto el “avispero”, para tener
resultados tan mediocres en el combate y haber pagado un precio tan alto como
sociedad?
Sobretodo,
después de que para todos era un secreto a voces la manera en como trabajan
juntos, delincuentes y autoridades, sin embargo, hay quienes ante todo esto,
toda vía se atreven a apoyar “la valiente” decisión del Presidente, al
enfrentar a un enemigo que no conocía y de cuyo combate, nunca visualizo los
daños colaterales que dejaría. Cuando era tan sencillo voltear a ver lo que había
pasado en todos los países donde se intento algo similar y los resultados tan desastrosos
que para ellos dejó, por citar algún ejemplo están Colombia y muchos de los países del este de
Europa en la zona de los Balcanes, o lo que padecieron los ciudadanos de Miami
en la década de los 80's.
Aunque
para la opinión pública en general, el hecho de haber detenido a 4 militares de
alto rango por sus nexos con el narcotráfico es una señal de que las cosas
ahora si se están haciendo bien, en lo particular me preocupan algunos aspectos.
Primero,
no es nada sorprendente ni nuevo el hecho de que militares, policías, jueces y
todo tipo de autoridades, se encuentren
ligados al crimen organizado, pues para que la delincuencia opere y crezca, necesita de muchas
complicidades.
Segundo,
el presupuesto y la importancia que en este sexenio el Presidente le ha dado a
las fuerzas armadas, aunque hasta este
momento han mostrado una lealtad institucional, cabe en mi la duda, sobre si
este movimiento si fue calculado y platicado con el General Galván quien ha
mostrado ser un hombre leal y sobre todo institucional, porque de no ser así,
no sabemos hasta donde lleven las declaraciones de los imputados y a quien más
se vaya a involucrar, lo que nos puede llevar a un efecto dominó y una caída de
elementos en cascada y ahora sí, el derrumbamiento de la confianza que la ciudadanía
teníamos en una institución como el Ejército Mexicano.
Tercero,
¿Hay riesgo de sublevación en algún segmento del Ejercito? Porque con él desplegado por todo el territorio nacional, y sin saber que intereses están
amenazando con estas detenciones, lo último que nos pudiera pasar a los
mexicanos, es soportar un levantamiento de quienes nos protegen, en contra de
lo que queda de las instituciones.
En
esta operación no cabe el margen de error con el que se manejo el llamado
Michoacanazo, ni la fallida detención de Jorge Hank Rhon. Este nuevo operativo
en contra de miembros de la cúpula de la milicia, debe ser táctica y
jurídicamente perfecto, porque aquí estoy seguro que de no ser así, no cabrá el
clásico “disculpe usted joven, todo fue un error”.

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